Siempre hay tiempo para un último trago, un último baile o un último viaje. Incluso una última película… O quién sabe si la penúltima. El caso es que siempre hay y habrá tiempo para alabar a alguien como Clint Eastwood, que a modo de testamento cinematográfico, firma su suerte de despedida en Cry Macho.

Y sí, seguramente sea recordada como una de sus películas menores, pero alguien que a sus 91 años se da el gustazo de dirigir y protagonizar su último tango de frontera, solo puede recibir un rotundo aplauso y por supuesto: gracias. Un ‘meritazo’ como pocos.

Una película no apta para estos tiempos. Es pausada, sosegada, exige contemplarla sin juicio. Simplemente tienes que sentarte y ver todo un mundo que ya fue creado, en el que se vivieron un sin fin de experiencias, que mantiene su lado salvaje, pero que simplemente está llamado a descansar en paz.

Con Cry Macho, este gallo llamado Clint Eastwood ofrece su última pelea con una agilidad que conoció tiempos mejores, pero con la que nos dice que la vida está para vivirla y que a la vejez viruelas. Algo asimilado a lo que hizo Harry Dean Stanton con Lucky. Un perfecto epílogo para artistas inigualables.

Cuentan algunas tradiciones africanas que los elefantes, cuando sienten que su final se halla próximo, abandonan la manada, y siguiendo su instinto, regresan a ese lugar que sólo ellos conocen. Una extensión de terreno donde desplegaron todo su vigor, donde conservan sus mejores recuerdos y que merecen ser el enclave donde reposar sus huesos. Clint Eastwood ha hecho algo así. Se sale de lo común y vuelve a donde vivió, tal vez, sus mejores momentos: la frontera.

De ahí Cry Macho y su desarrollo. La fotografía es espectacular, lejos de Eastwood no se puede decir lo mismo de sus protagonistas, salvo ese gallo robaplanos, y aunque el guion parece a priori algo naíf, acordaos que los prejuicios están para tumbarlos. Y este es otro caso flagrante de que más allá de lo aparente, hay una tierra esperando a ser explorada.

Gracias Clint. Gracias por elevar al cine a cotas que pocos se atrevieron a traspasar. Por no poner el automático y listo, si no por ir cambiando de marchas conforme a lo que el cuerpo te pedía. Asaltar temas tabúes, con un cine de denuncia social donde destacaba la clase y el estilo. O al menos intentarlo. Y sobre todo, gracias por demostrar que la edad solo es eso, un número.

Patxi Álvarez @patxosovic