COVID-19: ¿Cuáles son los límites de la libertad?

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Borja Santos Porras, IE University

¡Necesitamos libertad! ¿Por qué no vamos a poder hacer lo que queramos mientras no molestemos a nadie? ¡Necesitamos sentirnos vivos! ¡Para estar así mejor poder sentirse libres! Últimamente escuchamos muy a menudo alguna de estas frases.

Las medidas adoptadas para hacer frente a la pandemia provocada por el SARS-CoV-2 han puesto límite a nuestra capacidad de realizar muchas actividades que nos gustan: tomar algo, viajar, salir cuando queramos, reunirnos con nuestros amigos y familiares, ir de fiesta… Bajo esa coerción se ha comenzado a usar el concepto de libertad como proclama, en muchos casos politizada, o en muchos casos sesgada por el cansancio ante la limitación de ciertas libertades que considerábamos derechos básicos.

En la actualidad, algunos identifican libertad como una especie de libre albedrío de acuerdo a las posibilidades de cada cual. Es decir, se trataría de poder satisfacer nuestros deseos siempre que podamos permitírnoslo. Sin embargo, esta perspectiva utilitarista contamina uno de los conceptos más importantes que sustenta nuestra sociedad, ya que la libertad es otra cosa. La libertad no es hacer lo que nos dé la gana, sino permitir que todos tengamos las capacidades y posibilidades de satisfacer nuestras necesidades o voluntades.

¿Qué quiere decir esto?

El indio Amayrta Sen, ganador del premio Nobel de Economía en 1998, escribió hace años un libro titulado “Desarrollo y Libertad”. Para este economista, ambos conceptos están unidos, ya que la libertad o el desarrollo se pueden definir como la expansión de las capacidades u oportunidades que permiten que cada persona tenga la vida que desea o a la que aspira.

Las cinco libertades

Sen sugiere cinco libertades, aunque argumenta que cada sociedad debe debatir su propia lista:

  • Las políticas o participativas: elecciones libres, libertad de expresión…
  • La seguridad y la protección: leyes, orden, no crimen…
  • Las facilidades económicas: empleo, competitividad, libre mercado…
  • Las oportunidades sociales: acceso a educación y a salud adecuadas…
  • Las garantías de transparencia: confianza en gobiernos, no corrupción…

Lo importante debería ser poder desarrollarlas todas, y no seleccionar unas u otras según nuestra ideología o nuestras posibilidades. Para algunos la libertad depende principalmente de la seguridad y de la protección de su propiedad privada, mientras que el resto de libertades solo dependerán de propio esfuerzo. Para otros, las oportunidades sociales son las primordiales.

Libertad: Justicia más igualdad

Para el filósofo John Rawls, la libertad está muy relacionada con la justicia y la igualdad. Según Rawls, todos deberíamos disponer de las mismas oportunidades para desarrollar nuestras libertades y vivir en una sociedad justa. Para tomar decisiones es necesario adoptarlas desde el “velo de la ignorancia”, es decir, decidir de manera imparcial sin que nuestra decisión estuviese condicionada por nuestra situación de partida.

Esto quiere decir que una persona podría decidir conceder o no ayudas económicas, independientemente de si es funcionaria, autónoma o empresaria; podría decidir mejorar los accesos de infraestructura, con independencia de que tenga alguna discapacidad física; o mejoraría el acceso a la universidad independientemente de los recursos económicos que pudiera tener.

Siguiendo este argumento, para vivir en una sociedad libre y justa durante la pandemia nuestras decisiones deberían tomarse teniendo en cuenta la situación de salud, económica y social de todas las personas.

Un ejemplo: Es muy probable que usted se haya encontrado, en un gimnasio o tomando un café en el interior de un bar, a personas que no llevaban bien puesta la mascarilla. Para algunas personas, se trata de una decisión individual y “libre”.

La tragedia de los bienes comunes

Sin embargo, un uso correcto de la mascarilla debería ser también percibido como un gesto de generosidad, porque más allá de nuestra propia protección debemos tener en cuenta que podemos contagiar la covid-19 de manera asintomática. El libre albedrío o esa concepción de “libertad” según la cual nos desentendemos de la suerte del prójimo aumenta las posibilidades de que nos contagiemos y no podamos continuar ninguna de nuestras actividades cotidianas, poniendo incluso en riesgo nuestra propia vida y la de los demás.

Este situación se asemeja a la “tragedia de los (bienes) comunes”, según la cual si sobreexplotamos los recursos naturales o contaminamos el medio ambiente a nuestro libre albedrío reducimos la oportunidad y la libertad de poder utilizarlos o de poder disfrutar de una tierra ya afectada por la crisis climática.

Si continuamos definiendo la libertad como hacer lo que cada uno desea sin tener en cuenta las capacidades de todos seguiremos haciendo sufrir a los más vulnerables durante esta crisis sanitaria y, lo que es más contradictorio, reduciendo sus libertades.

Porque es una responsabilidad moral como sociedad cambiar la narrativa “sé libre” de Mr. Wonderful. Nuestra consigna debería ser “hagámonos libres”.The Conversation

Borja Santos Porras, Director Ejecutivo – IE School of Global and Public Affairs, IE University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.