CÓMICS DE LOS 90. Una nueva generación. Entrevista a Manu González

En ocasiones es tan satisfactorio leer sobre cómics como disfrutar de las propias viñetas. Es lo que sucede con el presente libro, un recorrido por una década denostada por muchos pero que ha marcado también a una generación que se verá reflejada en lo que la obra se cuenta. Con un espíritu lúdico, Manu González nos sumerge en las entrañas de una década para el recuerdo de la última hornada de EGB.

¿Qué es “Cómics de los 90”? El libro es una continuidad del libro “Cómics de los 80. La década que lo cambio”.

Es la continuación lógica y temporal de mi otra obra “Cómics de los 80. La década que lo cambio todo”. Una revisión de la historia de los tebeos en España, Estados Unidos, Europa y Japón en una década que aprovechó gran parte del bagaje cultural de los setenta y los ochenta, pero que económicamente significó una debacle significativa en industrias como la Norteamericana, la española o la francesa.

¿Cómo nace la obra?

En Redbook estaban contentos con “Cómics de los 80” y me pidieron algún tipo de continuación con el mismo formato. Yo quería hacer más un “Cómics del Siglo XXI” que una revisión de los noventas, pero a la editorial le pareció más lógico seguir cierto orden, no sin razón. El problema es que los noventas fueron la década en la que dejé de leer cómics y comencé a fijarme más en la música y el cine. He tenido que recuperar mucho material al que no me había acercado en su momento.

Si consideras los 80 como la década que lo cambio todo, los 90 fueron una época convulsa para el medio.

Fue una época extraña. Venía de un momento de crecimiento tanto comercial como cultural con grandes ventas y todo el bagaje underground de los sesenta-setenta que había crecido en los ochenta. Fue una época en la que empezaron algunos artistas que habían recogido esa experimentación de décadas anteriores, pero que se encontraba con un panorama desolador para publicar en varios países.

En la introducción explicas el difícil momento por el que el cómic pasa en los diferentes mercados.

En los noventa varios mercados colapsaron: el norteamericano y el español, por ejemplos, por motivos bastantes diversos, el primero por pura especulación y el segundo por pura desidia de los lectores. Pero también hubieron países que mantuvieron una calidad innegable de tebeos y ventas, como el mercado del manga japonés, que tampoco notó demasiado la gigantesca crisis económica del país a finales de los 80 y principios de los 90. En algún momento de la escritura del libro barajé como subtítulo “Más dura será la caída”, pero si eso me servía para España y Estados Unidos, no me servía para Japón o no tanto para Francia. En “Cómics de los 80” había un hilo claro que unía las tradiciones comiqueras de muchos países diversos en un corto periodo de tiempo, pero en este nuevo libro me costó encontrar un nexo en común.

A continuación pasas a enumerar algunos de los títulos más emblemáticos de la generación. ¿Cómo has llevado a cabo la selección?

Partiendo de una idea clara que no debía repetir cosas de los ochenta y ser bastante noventero en la selección. En “Cómics de los 80” ya habían salido los hermanos Hernández, gran parte del primer corpus de Vertigo (“Sandman”, “Hellblazer”, “Doom Patrol”), y muchas de las mejores obras de superhéroes de la historia. En los noventas he primado más a los autores que a las obras, destacando a jóvenes autores que se convirtieron en la nueva generación, pero también rescatando a algunos clásicos que dieron su do de pecho con algunas de sus mejores obras en esta década: gente como Alberto Breccia, Sal Buscema o Joe Kubert. También he introducido más cómic latinoamericano porque mucho llegó a editarse en España en aquella década.

El libro de los 80 incidía en la valor de la nostalgia de la época de crecimiento de una generación de lectores. Lo mismo sucede con este nuevo libro.

Por mi parte ha habido cero nostalgia, porque ya he comentado que mucho de este material lo comencé a leer en pleno siglo XXI, no en la época. Supongo que para muchos fans de los cómics que crecieron en esa década habrá cierto tipo de nostalgia, pero personalmente he volcado muy poca tanto en mi metodología para elegir títulos como a la hora de analizarlos. Cuando escribí “Dance Music Electronic” (Ma Non Troppo, 2016) volqué mucha más nostalgia porque en los noventas fue cuando comencé a amar y disfrutar la música electrónica.

En el libro hay más de cien títulos. Sin duda muchos pero probablemente muchos otros han quedado fuera de la selección.

Cuando comienzo un libro como éste, o como los que hago de fantasía, comienzo con una lista generosa, extensa… y luego voy cortando. Tenerlos separados de buen principio por categoría y países también ayuda para que no haya más de unos que de otros y así la foto final salga con un criterio mucho más amplio.

En el libro tiene mucho peso la presencia del manga, un fenómeno plenamente asentado en los noventa tras su irrupción en el mercado español la década anterior con títulos como Akira o Dragon Ball.

Una de las críticas que más sufrí con “Cómics de los 80” es que no había shojo en la selección de manga que hice. Pero, realmente, los ochenta fueron la gran época de explosión del shonen y el seinen gracias a obras como “Dragon Ball” y “Akira”. En los setenta fue cuando triunfaron la mayoría de integrantes del Grupo del 24 como Moto Hagio, Riyoko Ikeda o Keiko Takemiya, pero en los ochenta todo fue efervescencia shonen. En los noventa, una nueva generación de autoras se convirtieron en superventas, gente como las CLAMP o Naoko Takeuchi. Quería reflejar esa explosión de magical girls y autoras japonesas sin olvidarme de las grandes obras del shonen y el seinen de la época.

En el mercado americano es una época de cambios pero el cómic de superhéroes sigue siendo mayoritario.

Hasta que lo mataron por especular con las portadas variantes, miles de universos nuevos y compañeros de viaje capitalista sin muchas luces. Marvel pasó de vender ocho millones de ejemplares de un tebeo en 1991, “X-Men 1” de Chris Claremont y Jim Lee, a declararse en bancarrota en 1996, siendo salvada en 1997 por la compañía Toy Biz. DC llevaba años diciendo que a ellos las ventas no les importaba porque producían buenos cómics, pero se subieron rápido al carro de las portadas alternativas y los grandes efectos dramáticos (matar a Superman, romper a Batman) para tener su trozo del pastel. Compañías como Image comenzaron muy fuerte en ventas, pero sus autores no eran comerciantes y sus cómics llegaban siempre con retraso. Además, se dieron cuenta pronto que los guiones no eran lo suyo y comenzaron a llamar a reputados guionistas para que les echaran una mano. El mercado americano fue capaz de lo mejor y lo peor en apenas unos años, arrastrando con su crisis a muchas tiendas por el camino.

En este mercado la irrupción de las propuestas alternativas busca su espacio, incluso introduciéndose en el mercado mainstream.

Creo que las palabras que más salen repetidas en “Cómics de los 90” son “Love and Rockets”. Aunque el “Cerebus” de Dave Sim fuera el primer éxito del mercado de autoedición norteamericano a finales de los setenta, el impacto de la revista de los hermanos Hernandez se puede rastrear en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, España y hasta en Francia. En el vecino galo tenían a maestros como Edmon Baudain o la editorial Futuropolis, pero el impacto de “Love and Rockets” o editoriales como Fantagraphics o Drawn & Quaterly inspiraron a autores de la BD en la órbita de L’Association, donde militaron gente como David B., Lewis Trondheim o Joann Sfar. Estos dos últimos no tienen ningún problema en alternar obras más mainstream, como la larga saga de “La mazmorra”, con obras de calado más intimista, experimental y minoritario.

En el mercado autóctono, algunas de las publicaciones anticipan lo que será la novela gráfica en la siguiente década.

Existe una nueva generación de autores españoles que había crecido a finales de la década de los ochenta que están bastante influenciados por el cómic independiente americano y la BD francesa más adulta y experimentar. Son autores alejados de la retórica de línea clara o línea chunga y que no encontraron su lugar en las revistas de la época que iban cerrando sus puertas. Gente como Max y Pere Joan crearon la revista “Nosotros somos los muertos” donde había cómics de autores extranjeros de la generación de “Raw” como de la generación de Fantagraphics. Más que anticiparse a la novela gráfica, si que se encuentran en una tierra de nadie a los que salvaría editoriales como Camaleón. Pero la mayoría de estas obras se publican en formato cómic-book o recopilados en revistas. El triunfo de la novela gráfica tardaría en llegar.

Llama la atención la aparición de propuestas procedentes de otros mercados como el argentino en el libro.

Una de las asignaturas pendientes en “Cómics de los 80”. Tengo un amigo en Uruguay que me dijo en su día que si hacía un libro de los noventa que me pasaría una lista de cómics de esa época que triunfaron bastante en Argentina y Uruguay. No podía perder la oportunidad de no descubrir esos cómics que me había perdido en la época y que llegaron a publicarse en España. La lista era grande, pero Carlos Trillo era omnipresente. Su carrera en los ochenta y los noventa es impresionante.

El foco de la mayoría de las obras están concentradas en los autores más que en los géneros o los personajes. Cada reseña contextualiza lo que cada firma ha supuesto para la época, tanto su pasado como su futuro.

Sí, para mí lo más importante son los autores. Hay que tener muy claro de dónde viene cada cómic. Nosotros, como amantes de los tebeos podemos saber obras y milagros de Frank Miller, pero cuando escribo un libro de divulgación tengo que tener muy claro que ese libro lo pueda coger una persona que no tenga ni idea de quién es Frank Miller. A lo mejor le suena la película “300”, pero seguro que no sabe quién es la persona detrás de ese cómic. Si quisiera hacer una obra analizando exhaustivamente cada cómic seguramente ocuparía más que un ómnibus de Panini. Eso es algo que ya he hecho: le dediqué tres artículos a “La liga de los hombres extraordinarios” en la web de Sala de Peligro que me ocuparon cien mil caracteres. “Cómics de los 90” apenas supera los cuatrocientos cincuenta mil caracteres. ¡¡Solo me habrían cabido cinco cómics!! (risas).

En el libro se intentan compensar lecturas mayoritarias con espacios para voces únicas.

Siento que esas voces únicas son descubrimientos personales. Es en esos cómics, que algunas veces son hasta desconocidos para muchos expertos, donde puedo poner el foco en obras que creo fundamentales para entender la época y que no han tenido tanta prensa y fama. Son mi toque personal como divulgador.

Vuelve a editar Redbook Ediciones, que en sus publicaciones analiza las distintas fuentes de la cultura popular.

Y en una colección a todo color, cosa que apoya un medio tan visual como el cómic. Los dos libros de cómic como los de fantasía (“Ciudades fantásticas y dónde encontrarlas”, “Criaturas fantásticas” y “Villanos fantásticos”) están dentro de la colección Look que tienen un tamaño más grande para aprovechar más el diseño. Aunque para mí “más grande” signifique muchas veces “meter más texto” (guiño, guiño, codazo, codazo)

¿Continuará la serie con la década del nuevo milenio?

Los editores siempre me están pidiendo un nuevo libro cada año. De hecho, ya me estaban pidiendo “Cómics del siglo XXI”… pero no sé, creo que antes me embarcaría en un “Cómics de los 70”, una década alucinante, también.

¿Proyectos?

Después del libro de cómic toca el libro “fantástico”, pero esta vez lo voy a hacer pequeño, de la colección miniLook. No existe ningún libro español dedicado a la cultura y la ficción Steampunk y he comenzado a escribirlo. ¡Vapor y corsés!

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