Clase media, ¿aprendiste algo estos años?

Usted que vive en la ciudad capital, en las cabeceras departamentales o en los cascos urbanos municipales. Usted, a quien cada día le alcanza menos lo que gana y para llegar a fin de mes le toca cargar a la tarjeta de crédito la cuenta del súper, el colegio de los hijos y la gasolina. Usted que paga una fortuna a diario para moverse en el taxi compartido, el transmetro, el tuctuc y el micro. Usted que, aun siendo una persona preparada, no logra enganchar su casa o está en riesgo de no poder seguir pagando la hipoteca. Que tiene un empleo, pero no tiene IGSS porque factura; que ve la generación de sus padres con una pensión que, por chiquita que sea, será más que lo que usted sueñe llegar a tener a esa edad.

Le escribo hoy especialmente a los que nos solemos sentir todavía de “clase media” y buscamos evitar deslizarnos por una senda insostenible hacia la precariedad, aunque cada día compartamos más ese estilo de vida que el que viven los pudientes del país.

Durante 30 años hemos apuntalado con nuestro voto y nuestro infinito aguante a una clase política corrupta y una élite económica a la que poco le ha importado si nuestros hijos tienen para comer, estudiar, calzar y vestir. A ellos les da igual si se gasta el clutch del carro, o el tanque de gasolina de la semana se va en dos días por estar horas de horas en el tráfico. No es el carro de ellos el que se daña cuando la ciudad se inunda por la falta de un sistema mejorado de drenajes y de aguas pluviales.

Ninguno de ellos le paga a usted la factura de los repuestos del carro, ni evita que usted se levante de madrugada a llenar toneles, cuando con esa agua de lluvia podría almacenarse si tuviéramos reservorios o áreas boscosas que permitieran la filtración y almacenamiento de aguas subterráneas.

Demasiados años hemos sido cómplices inadvertidos de una trama que no nos beneficia a la mayoría. Seamos honestos: No son solamente “los pobres” quienes necesitan servicios de salud, educación, vivienda y saneamiento que funcionen. Nosotros, los que hemos tenido oportunidades de educarnos gracias al esfuerzo de nuestros padres; los que no estamos desnutridos, que tenemos empleo u oficio de donde ir arañando la vida a diario, también padecemos por no tener un Estado y gobiernos nacionales y locales que velen por todos los ciudadanos.

¿Qué tal si esta vez no nos vamos con la finta de que “más vale malo conocido que bueno por conocer” o de dar un antivoto solo porque la persona que puede quedar despierta un odio visceral? ¿Qué tal si le apostamos mejor a la gente honesta y que quiere arriesgarse a impulsar verdaderos cambios, aunque no puntee en las encuestas? Seguro no son perfectos y habrá cosas con las que proponen con las que no estemos de acuerdo. Pero están dispuestos a poner su honradez y trayectoria de vida al servicio de todos, no solo de algunos. Saben que para hacer cambios de fondo tendrán que sacarnos de nuestra “zona de confort”, aunque esta no sea tal en realidad, sino pura apariencia.

Le pueden decir que perderá su empleo si no vota por los mismos de siempre; no será así, a menos que vote por otros iguales a ellos. Las personas que van al servicio público para verdaderamente servir al país saben que no pueden prescindir de la experiencia y conocimiento de funcionarios honestos y de trayectoria. Este domingo, su voto sí puede hacer la diferencia entre condenarnos a cuatro años de más retrocesos o retomar la senda que iniciamos en el 2015 de depuración y recuperación de nuestro Estado y gobiernos locales. Evite con su voto que los mismos vuelvan al Ejecutivo, a su municipalidad y al Congreso. ¡Su familia se lo agradecerá!

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Author: Karin Slowing