No me refiero a las tristes batallas familiares por las “fortunas heredadas”, sino al calificativo que hace Martí en una de sus Escenas Norteamericanas publicadas en La Nación de Buenos Aires en 1885, donde al referirse a Estados Unidos, dice:

Algo falta, que refrene. En este pueblo de gente emigrada, falta el aire de la patria, que serena. En este pueblo vasto de gente aislada y encerrada en sí, falta el trato frecuente, la comunicación intima, la práctica y fe en la amistad, las enérgicas raíces del corazón, que sujetan y renuevan la vida. En este pueblo de labor, enorme campo de pelea por la fortuna, las almas apasionadas se soledad se mueren; o apenas acaba el goce de la riqueza, ya se vuelan el cráneo, porque les parece que no hay más goce. Y a mas, en esta época de renovación del mundo humano, los ojos desconsolados, se vuelven llenos de preguntas al cielo vacío, gimiendo junto a los cadáveres de los dioses.[1]

Si leemos este párrafo con detenimiento, escrito hace más de un siglo, parece escrito hace tan solo unos días, aunque el léxico corresponde con la usanza de la prosa de entonces, pero tristemente en esencia seguimos adoleciendo de los mismos males y las mismas deformaciones impuestas por el excesivo apego a lo material y la devaluación espiritual de la sociedad conformada sobre bases falsas – según en el decir de la Dra. Marlene Vázquez en su libro “La Vigilia Perpetua: Martí en Nueva York”- que han conducido a la emergencia del egoísmo, a la incomunicación y al daño irreparable de la esfera afectiva… Martí daba importancia a las facetas elogiables como la laboriosidad, que según sus propias palabras había devenido, lamentablemente, en enorme campo de pelea por la fortuna, imagen inacabada de sus contradicciones internas. Ejemplifica en “Un día en Nueva York[2]

[…] Otro viene lentamente, con los ojos fuera de las orbitas y descolorido, con la barba al pecho: un vagabundo le ofrece en cien pesos un cachorro de terrier para su querida: y echa al vagabundo contra la pared de una puñada: ¡jugó a la baja del trigo y el trigo ha subido! ¿Dónde acaba el negocio en las bolsas, y empieza el robo? ¿o todo es robo, y no hay negocio?

Llega el mísero a su despacho luminoso, con las paredes de estuco y el piso de bronce; se sienta delante de la mesa nueva de arce, donde impera en marco de piedras falsas el retrato de una bella tragavidas; apura de un sorbo el whisky[3] de la botella de cristal cuajado; se levanta el pelo de la sien; y se dispara un tiro.

Así mueren los pueblos, como los hombres, cuando por bajeza o brutalidad prefieren los goces violentos del dinero a los objetos más fáciles y nobles de la vida: el lujo pudre.

Agrada ver la actualidad, a 132 años de escrito, del análisis crítico de la sociedad norteamericana, que lejos de mejorar mantiene y en algunos casos empeora sus parámetros, aunque yo recuerdo una frase del Presidente Clinton que suscribo plenamente: “No hay nada malo en América que no pueda ser corregido por lo que es bueno de América”.

Jorge A. Capote Abreu

Miami, febrero de 2017

 

[1] José Martí: “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 23 de abril de 1885. OC., t 10, pág. 226.

[2] José Martí: “Un día en Nueva York”, OC., t 12, pág. 69-70.

[3] Whisky es subrayado en el original por Martí.