Bruja Escarlata y Visión (Miniserie de TV): Marvel arriesga y lo borda

Los fans de Marvel pueden estar de alegría, puesto que con el lanzamiento de Wandavision arranca oficialmente la esperada Fase IV del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU por sus iniciales en inglés), la cual debería haber comenzado incluso antes con el estreno en cines de Black Widow(Viuda Negra) en mayo de 2020, pero probablemente ni siquiera el Dr. Strange hubiera podido predecir lo que sucedería en el planeta Tierra en dicho año… En este sentido, Wandavision supone varios hitos importantes: no sólo rompe con más de un año de sequía en cuanto a estrenos del MCU por culpa de la crisis del Covid, sino que se trata además de la primera serie de Disney+ del 2021 y, más importante, la primera serie realmente anclada dentro del MCU (pues otras, como Agent Carter, no forman parte propiamente del mismo).

Dirigida en su totalidad por Matt Shakman y protagonizada por Elizabeth Olsen y Paul Bettany (retomando sus respectivos papeles como Wanda Maximoff – alias Bruja Escarlata – y Vision), se trata de una propuesta deliberadamente transgresora y difícilmente clasificable, que combina elementos surrealistas, psicodélicos y de sitcom americana de los años 50 en adelante.

La historia arranca con Wanda y Vision viviendo juntos, casados, felices, en blanco y negro. Se acaban de mudar a una bonita casa en la típica zona residencial estadounidense y forman una pareja convencional más de principios de la segunda mitad de siglo: ella es ama de casa, él un empleado modelo. Sin embargo, parecen confundidos y, tras esa realidad aparentemente idónea y sin fallas, pronto empiezan a sobresalir desajustes, haciéndonos sospechar que no todo es lo que parece…

Temporalmente, sabemos que la historia se sitúa después de los eventos de Avengers: Endgame. Sin embargo, los colores brillantes de las Infinity Stones parecen haber dejado paso al blanco y negro, al menos al principio…los trajes de superhéroe vistosos y los alienígenas parecen también olvidados…todo esto con la aparente intención de transportar a la romántica pareja de los Avengers (y, de paso, a nosotros espectadores) al universo de la televisión y de las sitcom estadounidenses de los 50 (con las célebres I love Lucy y The Dick Van Dyke Show), de los 60 (con la inolvidable Bewitched y destellos de la inquietante atmósfera de The Twilight Zone), de los 70 (con por ejemplo las populares The Brady Bunch o Mork & Mindy)…en suma, un país de las maravillas retro basado en lo mejor de las sitcom estadounidenses en el que Wanda y Vision parecen ser la anomalía (como de hecho, y no por casualidad, a menudo parecían serlo también los protagonistas de dichas series).

Así, el resultado es una visión más simpática y estrambótica que perturbadora o disonante, en la que haber tomado prestados los códigos de las sitcom resulta vistoso y hasta atractivo para el espectador. Además, envuelve la historia en un sugerente halo de misterio, al tiempo que sumerge a los seguidores en un eficaz desconcierto ante tal extravagante propuesta de Marvel Studios, que uno no termina de saber del todo hacia dónde se dirige… En cualquier caso, resulta fácil entrar en la historia y cogerle el punto a la mezcla de géneros y estilos que propone. Y asimismo, resulta llamativo que sea el cine de superhéroes, que tan acostumbrados nos tenía a producciones con crecientes aires de videojuego, el que apueste ahora por un una mezcla de estilos algo anticuados y pasados de moda, y por momentos hasta en blanco y negro.

Pero lo cierto es que son muchos más los aspectos formales en los que también Marvel consigue reinventarse con esta serie. En este sentido, Wandavision convierte cada episodio en una pequeña joya de vestuario y escenografía. Una fiesta para la vista y el deleite del público. El pelo, la ropa y los coches dan saltos en el tiempo de alrededor de una década a cada episodio. También en el caso del formato de la fotografía: vemos cómo de un encuadre 4:3, típico de la televisión antigua, progresivamente el formato se va ensanchando…y cómo del blanco y negro (casi absoluto) de los primeros episodios, poco a poco empiezan a aparecer manchas de color.

Por su parte, los personajes resultan divertidos y originales, muy lejos en este sentido de los códigos típicos de los éxitos de taquilla de Marvel. Los actores protagonistas, Elizabeth Olsen y Paul Bettany, forman una pareja prácticamente impecable, con magníficos momentos cómicos, cambios repentinos de tono y una buena sincronización, haciendo que la narración de Wandavision logre fluir pese a su necesaria y a veces inquietante “rareza” (en el buen sentido por lo general). Calibran cada gesto, cada expresión, cada pausa en la respiración; consiguiendo que a menudo verlos juntos resulte realmente hipnótico.

De este modo, WandaVision se perfila como uno de los estrenos más relevantes del 2021 y, sin duda, marca un momento único: no sólo porque con la serie se reinicia el rumbo del MCU, no solo porque experimenta y se atreve, sino sobre todo porque más que nunca nos ofrece la oportunidad de verdaderamente profundizar en la mente, psicología y complejidad de sus personajes.

En definitiva, gratamente sorprendente a su manera, esta serie confirma la capacidad de la factoría Marvel de combinar la épica y la ironía en una dimensión de ciencia ficción que trasciende el tiempo sin ignorarlo. Además, estamos ante probablemente su propuesta más original, loca y audaz (y eso que ya había logrado sorprendernos un par de veces en los últimos años con la divertida y colorida Thor Ragnarok de Taika Waititi o con Avengers: Infinity War y su impactante final); y sin duda ante la más experimental de sus producciones hasta la fecha. Personajes protagonistas interesantes y bien encarnados, un tono peculiar, una atmósfera única, algunas pistas ocultas y múltiples guiños sutiles al resto de la franquicia… WandaVision parece ser una apuesta arriesgada a la par que prometedora donde las haya.

Patxi Álvarez