Asesinato en el Orient Express. Existen algunas películas que pretenden apabullar a sus espectadores a través de una sobredosis de estrellas de cine en sus repartos. Dichos elencos se diseñan como una concatenación de celebridades (por regla general, grandes actores que encaran ya la etapa final de sus carreras profesionales o que, en su caso, tratan de frenar un declive demasiado prematuro).

Lo cierto es que semejante concentración de intérpretes suele influir negativamente en el resultado final de las obras, tanto por el riesgo de terminar sobreactuando en papeles forzados como por embelesar al público con su mera presencia en cartel, prescindiendo de otras virtudes.

El despliegue técnico y visual es considerable; las imágenes, llamativas; los juegos y movimientos de cámara, muy marcados; y la fotografía, estimulante. Un conjunto, sin duda, sugerente. Lástima que ese espectacular envoltorio esconda, en realidad, un vacío de contenido.

La última versión de “Asesinato en el Orient Express” es, a mi juicio, buena prueba de ello. Destila un tufillo a viejas glorias que ansían despedirse a lo grande y, sobre todo, a galanes y comediantes deseosos de redirigir un rumbo, a menudo, errático, desde un suntuoso y colorido escaparate capaz de atraer a un auditorio al que, a ratos, logra engatusar.

Las expectativas durante los primeros minutos de proyección resultan tan elevadas, habida cuenta la reunión de talentos y la vistosidad de fotogramas, que es fácil dejarse llevar por el espectáculo. El ritmo narrativo es correcto y la presentación, adornada con acierto, por lo que la primera parte del metraje puede calificarse de agradable.

A medida que el tiempo va transcurriendo, las expectativas decaen, el ritmo se estanca y se evidencia una cierta incapacidad para hilvanar la historia con garantías. Conviene recordar que se trata de un libro muy leído, llevado en varias ocasiones a la gran y a la pequeña pantallas. Por lo tanto, sería exigible una mínima aportación novedosa u original.

A la pregunta de qué innova esta propuesta de Kenneth Branagh respecto de sus antecesoras, la respuesta es sencilla: nada.

Podrá presumir del renombre de su equipo artístico y de una mayor pulcritud técnica, fruto de los avances experimentados en este terreno, pero siempre se tratará de méritos ajenos al director.

Desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, el largometraje es decepcionante y, en algunos giros del guion, llega a rozar el ridículo. Sus numerosos protagonistas no están bien compenetrados y determinadas escenas chirrían ante lo postizo de su planteamiento.

Branagh se afana en que el proyecto no se venga abajo, como uno de esos malabaristas que lanza mazas al aire con la esperanza vana de que ninguna se le caiga, hasta que varias de ellas terminan por los suelos.

El Orient Express, legendario tren que atraviesa el Viejo Continente, se ve detenido a causa de una tormenta de nieve. Durante esa accidentada noche se produce un misterioso asesinato en su interior. El detective Hércules Poirot será el encargado de resolver un crimen del que todos los pasajeros resultarán sospechosos.

Llevo décadas sin reconocer al Kenneth Branagh que deslumbró mundialmente con “Enrique V” o “Los amigos de Peter”.

El cambio de milenio le provocó una inexplicable transformación que evaporó su genialidad como cineasta y su inventiva como artista, dando paso a un realizador que, al servicio de las grandes productoras, se dedicaba a revisar clásicos intocables (como “La huella”), a rodar versiones innecesarias (“Cenicienta”) o a apostar por la vertiente menos interesante del género de acción (“Jack Ryan: Operación Sombra”, “Thor”).

Con este “Asesinato en el Orient Express” insiste en recorrer unos caminos ya transitados, desgastados y que no conducen a ninguna parte.

En esta ocasión le acompañan Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michelle Pfeiffer y Derek Jacobi, unos profesionales tan magníficos como desaprovechados.

Especialmente preocupantes son los casos de Depp y Pfeiffer, otrora referentes de una generación, con grandes currículums y filmografías que atesoran inolvidables actuaciones, pero que arrastran una larga etapa fallando en la elección de sus papeles.

Un reparto lleno de caras conocidas que podrán comprarse otra mansión gracias a decir cuatro frases y hacer un rato de mueble. Además debieron gastar toda la pasta para figurantes en las primeras escenas porque da la impresión de que en el tren, que estaba lleno, sólo viaja nuestro grupeto.

Kenneth Branagh (al que defiendo en muchas ocasiones) no me parece un buen Poirot, sólo me gusta cuando se enfada, creo que es una actor bastante histriónico que ha vivido mucho de su sonrisa de chico pícaro de colegio privado (ese personaje luego lo heredó Hugh Grant pero no había leído a Shakespeare) y tras ese bigote tan poblado apenas se distinguen sus expresiones.

Para más desgracia, en la secuencia en que cuelga de las vías, se le mueve el mostacho, y el plano corto descubre un grano gigante en el labio inferior ¡¡ menos mal que el director es él mismo!!

Disfruté de los planos de exteriores de Oriente Próximo (aunque el CGI canta bastante), la estación de Estambul esta muy bien y me encantó la escena en que Poirot sube al tren y se va presentando a los diferentes personajes… Es entonces cuando aparece Jack Sparrow, recién salido del museo de cera, y me doy cuenta de que es el mejor momento para aliñarme otro cigarro y hacer el viaje más llevadero.

A partir de aquí se despliega la trama, se van sucediendo los disparates/ averiguaciones y mi interés se va diluyendo progresivamente hasta que en la escena del juicio/alegato a favor de la pena de muerte, no puedo dejar de pensar en lo grandes y rojas que se le han puesto, de tanto frío, las orejas a Kenneth Branaght.

Así que eso, me pareció un coñazo, pero la verdad es que se me pasó rápido. Como cuando te pides la mañana libre para renovar el d.n.i y luego te sobra tiempo para leer el Marca a gusto en la cafetería.

Por cierto, el bueno de Kenneth, al más puro estilo Marvel, ha dejado la cosa preparada para continuar la saga si es que ésta le da dinerito. La continuación sería Muerte en el Nilo y ya está confirmado que Michelle Pfeiffer volverá a hacer de momia…

Patxi Álvarez