Liébana fue provincia antaño y bien lo justificada por las muchas singularidades diferenciadoras de las demás comarcas de la región.

Liébana es un territorio situado al oeste de la provincia autónoma de Cantabria, lindante con Palencia, Asturias y León, con quien comparte en mayor o menor grado los Picos de Europa que la resguardan de los vientos y la arropan, casi casi, maternalmente. Dicen quienes gustan de estas cosas, que sus cinco valles principales son las huellas de Dios que posó una de sus manos sobre estas tierras marcando con sus dedos las citadas depresiones. Y es que Liébana, ciertamente, es un valle de valles: los de Baró, Cereceda, Cabezón, Pesaguero, Bedoya… A uno le salen, con el Estrecho, Tama, etc. Algunos más.

También se dice que hay aquí tantos pueblos, como días tiene el año, entendiendo por pueblo, entidad de población, es decir, también barrios.

Goza esta comarca también de un microclima mediterráneo, y, por ende, de algunas producciones típicas de aquellas latitudes levantinas: la vid, el olivo, el alcornoque, los agrios…

El imponente desfiladero de la Hermida, el “esófago” de que hablaba Pérez Galdós, se abre vertical, besados sus húmedos pies, por el río Deva, que ha nacido en el Circo de Llorosa, bajo los Picos; uno se va sintiendo empequeñecido, más y más, como tragado por un gigante de piedra, sobrecogedor, ora saltando  una orilla, ora a la otra, por un tortuoso camino de asfalto de puente a puente, a lo largo de más de veinte kilómetros, siempre la mole amenazadora arriba siempre el río como excavado en la roca abajo. Puede ser que con tanto asombro quienes la padecen no deben acordarse de su claustrofobia… porque la puede producir.

Al final, se abre la quebrada a la luz, se ensancha y uno respira hondo, porque ha llegado al valle, a la vieja Liébana, por su puerta natural, del oeste. Hay otras salidas, hacia Palencia y León, como “escapatorias”, más, es éste el Desfiladero el paso más común, no teniendo nada de tal.

Y dentro de la gran depresión, pueblos y más pueblos, a cual más típicos en las llanuras en las laderas y en los altos; al fondo los macizos Oriental, Central y Occidental de la espectacular montaña caliza de los Picos de Europa; en medio de todo este panorama idílico Potes, la capital enseñoreada por la torre del Infantado, hoy casa Ayuntamiento; el rió Deva en busca de la gigantesca Hoz que acabamos de abandonar y con el tributario Quiviesa y el Buyon que lo encuentran a su paso por Potes. Es el centro radial de toda la comarca, su centro administrativo su cita obligada los lunes para asistir a los mercados de los lunes en la plaza. Calles empedradas, pasadizos, puentes medievales espectaculares, casas colgadas sobre el río, casonas, escudos…Rincones casi mágicos. Ambiente y bullicio.

Y desde Potes, cuando ya sepas que esa torre que de los Orejón de la Lama enemigos de los Mendoza, partidario de los Manrique en las luchas medievales, por el dominio de estos territorios, y desde la que fue defenestrado uno de ellos, puedes ya elegir camino: el del Oeste, lleva al encuentro con los Picos de Europa por el valle de Baró, y apenas iniciado en Turieno, un camino que empina hasta el santuario del Lignum Crucis, custodiado en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, favorecido por la celebración de sus años jubilares; unos pueblos más aariba, el de Camaleño, la capital del municipio de este nombre y después Mogrovejo, el de la torre de la gamilia de esta casa que dicen fueron con Pelayo a Covadonga; abajo Los Llanos, que quiere la tradición fueran predio de don Pelayo el de aquella acción de la Reconquista, por lo visto, hermano nacido en Turieno.

Cosgaya, tierra de reyes, centro gastronómico de primerísimo orden se enorgullece de su historia y de su Parador. Y aseguran que por estos montes fue hallada la calavera de Favila, el rey de las Asturias que según la tradición fue devorado por un oso… Son historias que por estos pagos se tienen por ciertas, al igual que la del monte Subiedes en el mismo Mogrovejo, donde hubieran muerto aplastados por el derrumbamiento de esa montaña, cuando Deva abajo, la morisma trataba de huir siguiendo el curso del río.

Y así llegamos a darnos de manos a bruces, con el frontón calizo del Macizo Central de los Picos, no sin antes hacer una parada en el típico lugar de Espinama. Aquí se dice, ya ven, que se fundó “la primera Universidad de Europa”, mediante la donación de un riquísimo hijo del pueblo, para la formación integral de la muchachada local. Nos hallamos en Fuente Dé, junto al nacimiento del río Deva, en el circo de Lloreza y a la vista del teleférico que asciende hasta el llamado Mirador del Cable, a centenares de personas, cada día, miles, en la temporada alta, en un suspiro, volando sobre el paisaje, empequeñecido por la altura, los rebecos a la vista, saltando de risco en risco, las rapaces y la rara chova piquigualda no mucho más arriba en su vuelo. Espera en plenos Picos, las instalaciones del refugio de Áliva, panorámicas, emociones, escenas pastoriles y descanso.

Otra ruta parte desde Potes hacia León por el puerto de San Glorio, a través de la Vega de Liébana. Hermoso, aquí, el valle de Cereceda y la pintoresca ascensión a los lugares del concejo de Dobres y Cucayo.

Y el recuerdo del Marqués de Santillana en La Lama, que rindió en amores a la mozuela, del vecino Bores, en la Espinama que ya visitamos, y la pradería, de vuelta a la ruta de León, del mirador donde se levanta un monumento al oso, punto donde se avista una magnífica panorámica de todo el valle lebaniego.

Antes de entrar en Potes, una ruta nos indica la dirección al puerto de Piedrasluengas y Cervera de Pisuerga, Valdeprado, a través. A uno y otro lado, desviaciones o pequeños ramales que llevan a distintos lugares, uno de ellos, al oeste, el de Piasca, donde se alza el monasterio románico de Piasca, antiguo convento dúplice la joya románica de Liébana. Esta ruta enlaza con Polaciones, en el alto donde se bifurca.

Un pequeño, pero idílico valle, el de Bedoya, es, quizá, la huerta lebaniega por excelencia; se asciende a él, un par de kilómetros de recorrido, desde Tama en la ruta principal, para admirar sus laderas de viñedos, sus huertos, la espléndida vista de sus pueblos, alguno tan escondido como Salarzón, en cuyo palacio descanas los condes de Cortina, en cuerpo incorrupto, bajo la iglesia. Tierra rica ésta, tierra de orujo, de exquisitas cebollas, de buena fruta y de mejor gente.

Siempre, desde Potes, al Norte, entrando por Tama, quedan sitios como Viñón, Armaño, y el recuerdo de Concepción Arenal; o Colio, donde en tiempos de la Guerra de la Independencia, en la heroica lucha contra los franceses, Porlier organizó una “Academia de Caballería”, y donde un glaciar, periódicamente, se desborda ladera abajo, arrastrando a su paso cuento se le opone en su avance. Llaman los lugareños a esta ruidosa acción del glaciar, los “Diablillos de Colio”.

Todavía hay sitios a donde subir y cosas que ver, pero, en él el mismo desfiladero, aún en el regreso, sin prisa, nos podemos detener en Lebeña y su bellísima iglesia mozárabe del siglo X, la de Santa María, que compitió en su día, con Piasca y Santo Toribio, en importancia.

No olvidemos que Liébana es tierra de orujo y quesos; que los “picones” de Bejes y Tresviso han ganado concursos internacionales, frente a los mejores de Francia, Suiza, Holanda Alemania o Italia, en la clase de los llamados “picones” o “azules”; sin olvidar el “bouquet” del ahumado de Áliva o los quesucos lebaniegos de Pido, Espinama, Baró, Cabezón, Cabañes o Lebeña. Un dicho popular de esta zona, reza “Si el monte Lebeña fuese de queso picón, ya se lo habían comido Peñarrubia y Lamasón”.

Quedan, pues, los valles de Peñarrubia y Lamasón muy cerca, el primero con termino en el propio Desfiladero de La Hermida y sede municipal en el histórico Linares que aún luce en más o menos ruina, tres torres defensivas medievales, porque, también este señor con el de Tama, anduvo metido en guerra, junto a Pelayo, en Covadonga. Y tan antiguo como las torres, se nos antoja, deben de ser los castaños del castañar del barrio de Navedo.

Para acceder a estos municipios nos queda valer el camino que parte de Puentenansa hacia el oeste, para desembocar en La Hermida. Lamasón es un valle espléndido, ganadero, bucólico. En Obeso, es notable la torre de Los Rubín de Celis, en el cercano Cades, la antigua ferrería y en La Fuente su iglesia románica. Sus puertos de montaña o Collados de la Hoz y de Ozalba, señalan lo abrupto de estas tierras. En la Hermida su balneario le dio empaque de estación termal visitadísima. Y puede ser que se recupere para las nuevas apetencias turísticas.