Albert Monteys es, sin lugar a dudas, uno de los mejores humoristas de última generación. Desde sus comienzos en el mercado alternativo de los 90 demostró que el humor es su modo natural de expresarse. Su paso por «El Jueves», lejos de adocenarle, le ha dado un fuerte músculo para trabajar el gag. Tras dirigir la revista, Monteys decide volver a hacer lo que más le gusta desde una joven editorial como «Caramba», pasando de las grandes tiradas de «El Jueves» para continuar experimentando, cambiando. Su último gran éxito «Como ser un hombre: Cómo y por qué» es un práctico manual políticamente incorrecto para convertirse en un auténtico macho ibérico. Una forma infalible de asegurar la risa. Junto a Albert Monteys repasamos su trayectoria.

Pregunta: ¿Qué es «Ser un hombre: Cómo y por qué»?

Respuesta: Es el número uno de la Colección Jaimito. Una colección de tebeos de grapa, de 24 páginas con historias cortas y autoconclusivas. Una heroicidad de la Editorial «Caramba» en la era de la novela gráfica. También es un tratado sobre la Masculinidad, así con mayúscula.

P.: Desde tus comienzos se ve que lo tuyo es el humor cuáles fueron tus influencias?

R.: Mis primeras influencias son la escuela Bruguera y la escuela Franco Belga. Ibáñez, Franquin, Uderzo, Vazquez… Iba pasando de unos a otros sin diferenciar mucho. Después ya me enganché al underground de los ochenta y al «comic indie» de los 90 que surgió de él. Clowes, Burns, Bagge y demás…

P.: Comienzas tu labor como dibujante en Bellas Artes creando con otros compañeros de clase un tebeo mítico «Mondo Lirondo» ¿Qué recuerdas de esa época?.

R.: Que nos lo pasábamos muy bien. Seguramente es la única época en mi vida en la que he dibujado lo que me ha dado la gana. Sin pensar en ventas, público ni editores… «Mondo Lirondo» consistía básicamente en jugar con tus amigos, hacernos reír unos a los otros y sacar el tebeo con unos retrasos espectaculares, siempre.

P.: Posteriormente creas en solitario «Calavera Lunar». Desde «Mondo Lirondo» utilizas y aquí está más presente la cultura de calle, los tebeos, muñecos articulados, anuncios y demás.

R.: Sí, las generaciones que han vivido guerras hablan de ello, la mía es de las primeras cuyas experiencias más bestias proceden todas de la ficción. Por eso, supongo, esa fijación con el imaginario de la cultura popular. Es lo que nos ha marcado.

P.: En esta época «El Jueves» busca refrescar su plantilla y os integráis en ella nuevos autores como tu mismo o Manel Fontdevila. ¿Cómo fueron los comienzos?. ¿Te costó mucho pasar de un mundo cercano al fanzine a una revista de periodicidad semanal, referente además en el mundo del humor?

R.: Me supuso un reto enorme, un pequeño infierno en realidad, adaptarme al formato y a las entregas semanales. Estaba acostumbrado a hacer lo que quisiera cuando quisiera, y de repente tenía que entregar chistes de una página cada martes… por suerte el cerebro se me fue amoldando a esa manera de trabajar y no tardé mucho atravesar el desierto y sentirme cómodo otra vez.

P.: Creas al personaje «Tato», un repartidor de pizza que vive en un piso compartido. En esta serie se ve tu gran capacidad para trabajar los personajes secundarios y llevar el lenguaje cotidiano a las viñetas. Después de tantos años con sus aventuras ¿Cómo consigues mantener fresco el personaje?

R.: Pues al principio me concentraba en hacer chistes. Ahora me concentro en hacer chiste y mantener fresco al personaje. La clave está en ponerme pequeños retos, seguirme divirtiendo con ese juguete que ya he usado mil veces. Dicho esto, cuando tienes que esforzarte en «mantener frescas las cosas» a lo mejor es que se acerca el momento de hacer cambios…

P.: Junto a Manel Fontdevila realizas una de las series más emblemáticas de la revista: «Para ti que eres joven» ¿Cuál es vuestro método de trabajo?

R.: Yo y Manel tenemos mucha sintonía en un montón de cosas, de manera que no nos supone un gran esfuerzo repartirnos el trabajo y entendernos rápidamente. Seguramente a causa de eso, nuestro contacto para hacer la serie es más bien escaso. Algún email y llamada semanal para establecer el tema y como repartirlo y ya cada uno hace su parte. Lo normal es que cada uno lea lo que ha hecho el otro cuando aparece la revista.

P.: Desde El Jueves se intenta recuperar en un momento dado la revista periódica de cómic para niños: «Mister K». Para la revista creas «Carlitos Fax», más cercano al espíritu de «Calavera Lunar», de nuevo en un mundo futurista. ¿Retomarás en algún momento el personaje?

R.: No lo creo. Me lo pasé muy bien haciendo «Carlitos Fax», pero tenía sentido en la revista en la que aparecía, que intentaba recuperar la historieta infantil y familiar. Puestos a hacer nuevos tebeos, procuraría que fueran eso, nuevos.

P.: Durante una temporada ejerces de director para la revista «El Jueves». ¿Qué te supone desarrollar esas nuevas funciones?

R.: La verdad es que como director, pese a la parte creativa del trabajo, lo pasé bastante mal. No estoy nada cómodo con la responsabilidad, la toma de decisiones y las jerarquías. Vivía lleno de dudas, convencido de que lo estaba haciendo muy mal, de que me estaba cargando la revista. En fin, que fue un relajo cuando regresé al freelancismo.

P.: Desde fuera daba la sensación que fue un momento de cambio y de entrada de grandes autores. ¿Cómo se decidía la inclusión de nuevos autores?

R.: La incorporación de nuevos autores se decide en un consejillo formado por la directora y cinco dibujantes. Cada uno tiene sus gustos y hay debates muy intensos.

P.: Continúas a lo largo de tu carrera colaborando con diferentes cabeceras de cómic, una de las más recientes es «El Manglar», dirigida por Manuel Bartual. En estas colaboraciones se ve una búsqueda del gag puro, sin continuidad, cambiando el estilo en función de lo contado.

R.: En el Manglar hacía la serie «The Funny Pages» que consistía en meterme en la piel de varios dibujantes de estilos muy diversos y ofrecer entregas de series que no existen. Me gusta jugar y creo que se nota en los resultados. Espero seguirla algún día…

P.: Decides abandonar tu labor como director de El Jueves para centrarte más en la de autor. Colaboras con Hernan Migoya en su resurrección de «Hazañas Bélicas» ¿Cómo afrontas un trabajo tan peculiar?

R.: Mi primer pronto fue decir que no, puesto que no soy el tipo de dibujante que funcione en el tipo de tebeo que, a priori, es «Hazañas bélicas». Después, viendo la lista de dibujantes que tenían en mente entendí a lo que estábamos jugando y me puse a ello. El guión de Hernán era muy divertido e intenté, para el encargo, empaparme de Boixcar. Nada fácil…

P.: Después de estar en «El Jueves» vuelves a una editorial independiente: «Caramba» y a la grapa. ¿Veremos alguna vez una Novela Gráfica de Albert Monteys?

R.: La novela gráfica, que me parece un formato que ha dado grandes tebeos y ha insuflado entusiasmo al medio, no es para nada mi formato natural. Además, el hecho de que se haya convertido en el formato oficial del cómic que hay que tomarse en serio me parece un poco molesto. Prefiero la variedad, me muevo mejor en formatos más cortos y no tengo cien páginas para ofrecerle al mundo. Me conformo con que sigan pagando por verme jugar.

P.: ¿Cómo nace «Ser un hombre: Cómo y por qué»?

R.: La semilla de «Ser Un Hombre…» está en la cantidad de literatura reivindicando y definiendo a la mujer que ha aparecido en las últimas décadas. No existe un material equivalente sobre el hombre aunque, claro, en realidad el 90% de la literatura anterior trata sobre los hombres. Por otro lado siempre he sentido una cierta fascinación por esa masculinidad de manual a la que no me acerco ni de lejos. Y finalmente, me pareció un tema que podía venderse con facilidad y alegría, ¡hay que pensar en todo!

P.: En » Ser un hombre…» te ríes de todos los grandes mitos de la masculinidad ¿no temes las represalias?

R.: Por suerte el movimiento machista está muy desorganizado y yo corro mucho.

P.: ¿Proyectos?

R.: Un montón, pero he aprendido a no hablar de ellos porque el 90% se quedan en el cajón, y está bien que así sea.

P.: ¿Cómo te ves dentro de 10 años?

R.: Luchando contra punks futuristas por dos litros de gasolina y la última bolsa de ganchitos que queda en el mundo