Juan Carlos Eguillor fue un autor singular que compaginó su pasión por el cómic con otros medios.

Influido por el pop art y con un estilo naif, Eguillor desarrolló una fructífera carrera como ilustrador junto a autores como Bernardo Atxaga. En Madrid desarrolló una amplia obra en la que tuvo espacio para el cómic participando en El Pequeño País con “Los cuentos de La Abuelita”. Colaboró con Elena Santonja o Lolo Rico, referentes de la época de la televisión y nunca dejó de lado Bilbao, al que volvería con “Max Bilbao” o “Los Bilbaos soñados de Eguillor”.

Comenzó a publicar “Las aventuras de Mari Aguirre” en 1968 en las páginas de El Correo Español-El Pueblo Vasco gracias a la intervención del estudioso Luis Gasca. A través del personaje protagonista o posteriormente con Miss Martiartu, Eguillor mostraba con una visión entre entrañable y mordaz los contrastes del Bilbao de la época, una ciudad que ha tenido una fuerte presencia en toda su obra.

Recientemente la editorial Belleza Infinita ha recuperado “Agur, amante”. En ella podemos ver los grandes temas del creador en uno de sus momentos de plenitud. Con Garikoitz Fraga, editor de Belleza Infinita conocemos mejor el proyecto, todo un acto de amor al autor.

¿Qué es “Agur, amante”?

Es la historieta que Juan Carlos Eguillor publicó en 1995 en El Correo, por entregas diarias en las páginas de opinión. El libro la reúne al tamaño de los dibujos originales, que en el periódico salían reducidísimos, dedicando las páginas finales a textos explicativos y dibujos inéditos. Iñigo Loyola, el profesor Lertxundi y Miss Martiartu intentan arreglar Euskadi transformando la Margen Izquierda con aquariums y fábricas que convierten el sirimiri en angulas.

En la imagen podemos ver el tamaño en el que las páginas eran reproducidas en el periódico.

El autor falleció en 2011. ¿Ha sido complicada la relación con los familiares y los derechos?

Para nada. La heredera es su hermana Carmen y hablé con Borja Cobeaga, uno de sus sobrinos, que me ha ayudado en lo que he necesitado.

En Belleza infinita cada libro es una experiencia. Tu anterior libro, “Persecución”, es un cómic rompedor que mira hacia el futuro. Con el libro de Eguillor miras el pasado reciente de tu Bilbao natal.

“Persecución” anticipó situaciones que hemos vivido durante estos dos años extraños. Eguillor sigue vigente y muchas personas me comentan que el libro les ha resultado muy actual. Son interpretaciones muy personales que nos invitan a pensar de otra manera lo que tenemos delante de las narices.

El libro es hijo de su tiempo y nace en medio de una pandemia mundial. ¿Ha afectado al libro la situación?

Ha salido justo cuando estábamos volviendo a la calle. El parón general me sirvió para concentrarme y terminarlo. El texto final ha requerido leer los periódicos de la época, los diarios y notas de Eguillor, consultar a sus conocidos, visitar archivos, contrastar datos y montar toda esa información de la mejor manera.

 Muestra del proceso de restauración de la obra.

¿Cómo has vivido desde la editorial este año tan complicado?

Justo antes del confinamiento, parecía que las ventas empezaban a mejorar, así que hubo que resignarse. Acababa de sacar un par de títulos que se han quedado en el limbo porque las librerías estaban cerradas y no ha habido ferias. Pero esta es una editorial muy ligera de infraestructuras y personal, sin deudas y acostumbrada a entornos hostiles, por lo que estaba más preparada para resistir. Me he dedicado a preparar los libros nuevos y terminar éste.

Es curioso ver cómo, a pesar de ser muy crítico con su entorno, Eguillor es un personaje querido por todo tipo de sensibilidades.

Tal vez porque se metía con todos por igual y se reía también de sí mismo. Repetía que su mirada era “escéptica, tierna y cruel”, y usaba el humor con intención “higiénica”. Aportó imaginación y fantasía a aquel contexto serio y claustrofóbico.

Es la primera vez que se recopila el material en un tomo. ¿Cómo ha sido el proceso de localizar los materiales? ¿El libro va a ser un primer paso a la recuperación de la obra del autor?

Eso espero, aunque es una misión complicada porque los dibujos originales están muy dispersos o han desaparecido. Eguillor los regalaba a sus amistades, y las revistas y periódicos donde publicaba los tiraron a la basura, o se los repartieron entre los colaboradores. Localizar los originales de Agur, amante fue una película detectivesca con intrigas y malvadísimos villanos, aunque con final feliz.

El futuro de Bilbao visto por Eguillor en 1995.

El mundo que refleja el libro (un Bilbao postindustrial que aún no se ha reconvertido en una ciudad de servicios) ya no existe. Es una foto fija de una época, por tanto es muy importante la documentación con la que complementas el libro para entender mejor el contexto en el que se genera.

Me pareció necesario dar noticia de los acontecimientos a los que hace referencia la historieta, ya que Eguillor los menciona pero sin explicarlos porque en aquel momento se conocían. En 1995, se estaban desmantelando las instalaciones industriales de la margen izquierda y Abandoibarra mientras se levantaba el Guggenheim, el Euskalduna, la pasarela de Calatrava, la nueva acería compacta… Los políticos presentaban las maquetas del nuevo Bilbao, Rosa Díez (consejera de Turismo del Gobierno Vasco) viajaba por el mundo con el Ven y cuéntalo, pregonando las bondades del turismo ante la incredulidad de Arzalluz, presidente del PNV, que celebraba su primer centenario. ETA mataba, secuestraba y extorsionaba, y la calle se llenaba de manifestaciones y contramanifestaciones. Los escándalos políticos y judiciales a cuenta del GAL, Galindo y las torturas en el cuartel de Intxaurrondo, la implicación de altos cargos, etc, etc.

A pesar de hablar de una obra escrita en los noventa, en un Bilbao que ya no existe, el humor y la potencia visual del autor hacen que la obra se mantenga actual.

Sí. Tal vez porque seguimos a vueltas con qué modelo de ciudad queremos y qué merluzada perpetran los políticos con nuestro Bilbao. Eguillor retrata la diversidad de ese universo que es esta ciudad desde su propio universo estético, que desborda su dibujo o su estilo y lo llena de alma y carácter.

 Otra muestra del proceso.

Cada libro de la editorial destaca tanto por el diseño como el formato y la impresión. ¿Cómo has tomado las decisiones en este caso? Hay un intenso trabajo de restauración. ¿Cómo lo has llevado a cabo?

El tamaño de los originales era A4 apaisado en un papel tipo offset ahuesado, que es lo que he tratado de replicar en el libro. Eguillor no había borrado el dibujo a lápiz sobre el que dibujaba después con tinta, así que tuve que meter mil horas limpiando. Hay veinte originales que no aparecieron y tuve que escanearlos desde el periódico, por lo que la limpeza y restauración fueron mucho más costosos. Para los textos he empleado las tipografías y maquetación de El Correo en 1995. Y los he ilustrado con inéditos y descartes de esa misma historieta que encontré en Komikigunea entre sus archivos personales. Ahí sí dejé los lápices para que se viera su manera de trabajar.

¿A qué público se dirige la obra?

Pues yo pensaba que lo comprarían cuatro señores bilbaínos y algún coleccionista arqueólogo, pero me ha sorprendido la cantidad y variedad de personas que se han lanzado a comprarlo y a celebrarlo como un acontecimiento por la conexión sentimental con los dibujos de Eguillor.

¿Proyectos?

Ya veremos.

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