24 Abril, 2017

Nightcrawler: Los limites del periodismo

El periodismo al desnudo. Sorpresa notable me lleve con este film en el debut en la dirección de Dan Gilroy, que con guión propio original (nominado al Óscar en 2014), realiza una perturbadora radiografía de la carroñería de los medios de comunicación y todo un microcosmos de personajes que se mueven alrededor y que retroalimenta una audiencia sedienta de imágenes morbosas que devoran con saña y olvidan rápido, con lo que siguen necesitando más. Gilroy nos ofrece una obra profunda con tintes de neo-noir, con una ambientación sombría y lúgubre que nos envuelve en su oscuridad, casi toda la acción transcurre de noche, cuando la mayoría de la ciudad duerme los vampiros salen a buscar sangre, esto hará no dejarnos indiferentes ante lo que vemos. Además de su extraordinaria puesta en escena se apoya en un actor que está sublime, Jake Gyllenhaal, la viva imagen del psicópata que aterra con su pose.

El escenario es Los Ángeles, el protagonista es Lou Bloom (gran Jake Gyllenhaal), un asocial tipo que malvive trapicheando por la urbe, hasta que una noche por casualidad ve trabajar a un reportero free-lance sobre un accidente de tráfico y se siente atraído por este sombrío curro, se compra una cámara de video y un scaner de radio para cazar la emisora de la policía, y comienza a deambular por las noches por la ciudad intentando grabar una desgracia, tras grabar unas impactantes imágenes de un accidente de tráfico consigue vender su primer reportaje gráfico a una emisora local, la directora de noticias es Nina (buena Rene Russo) que lo anima a llevarle más metraje morboso.

Lou se va involucrando más en los sucesos que graba, llegando a alterar artificialmente montajes más desgarradores, para intentar llegar antes a los lugares contrata a un asistente, Rick (Riz Ahmed). Tiene importancia en el relato un rival de trabajo Joe Loder (buen Bill Paxton).

La cinta es un torpedo contra la prensa sensacionalista, una sátira-k.o. contra una sociedad que deglute mórbidamente escenas macabras, y tras la noticia están unos tipos despreciables, unos amorales con la falta con el principio básico de que todo por la noticia, incluso modificarla a tu antojo, o por qué no, crearla de la nada. Un film de los que te hace reflexionar por su carácter universal en su mensaje, hace poner a la sociedad en el espejo, existen carroñeros como el protagonista, si, pero los ha creado la sociedad voyeur que necesita ver a gente que lo pasa mal para que sus problemas parezcan menos, fomentando el pánico a la noche, y el protagonista refleja la trastienda de estos sucesos, con lo que juzgarlo se nos puede hacer incómodo.

El ritmo fluye con naturalidad, en un increscendo dramático muy bien manejado, con diálogos contundentes, con situaciones que mueven la conciencia, y con un final-clímax apasionante por lo poliédrico, con una persecución automovilística atronadora en su realismo, y con un epílogo pavoroso en su ambigüedad. En los noticiarios a todas horas nos hablan de macabros sucesos, pero solo si tienen imágenes causan impacto, la palabra es volátil, pero la imagen permanece, el cerebro humano tiende a ser morboso, y de este caldo de cultivo salen desalmados como Bloom.

Un guión formidable, agudo, punzante, mordaz, con sabrosas dosis de humor negro, film muy entretenido, una corrosiva ácida y directa crítica a los noticiarios morbosos que buscan a toda costa el impacto social, se arremete con saña contra los índices de audiencia que marcan retorcidamente líneas editoriales, ello con tal de tener más público que la cadena rival, se ataca la manipulación informativa que se tuerce para obtener más rating, todo por la audiencia, por ello cuantos más accidentes, heridos y asesinatos mejor, fomentando un circulo vicioso tóxico, donde la noticia es algo moldeable, donde la ética y moral son algo ausente, esto se puede entender como una alegoría sobre el desgarrador Capitalismo, o el “Sueño Americano”, donde el individualismo es lo principal, empuja, pisa, aplasta, hiere y si es necesario mata con tal de tener tu sitio en el mundo. Se ataca la xenofobia en los medios de comunicación, donde solo importan los sucesos a familias de blancos, las otras razas son meros números y a nadie interesan.

La historia se convierte en el estudio de una personalidad, la de un tipo mediocre que encuentra acomodo de a su misantropía y sociopatía en un medio, en esta labor se crece, desata un perfeccionismo aterrador, se convierte en un obseso de lo que hace, se cree un artista de su tiempo, “pinta” cuadros para su cámara, para que la luz infunda emociones, moviendo escenarios a su turbadora visión estética, y Jake Gyllenhaal lo encarna de forma fascinante, un misántropo, un asocial, un amoral, un individualista, un narcisista, un manipulador, encarnación aterradora, carismática, un psicópata con cámara, Jake tornó su apariencia física perdiendo peso para su mirada fuese más cavernosa, ojerosa, profunda, con pelo grasiento, con una media sonrisa pavorosa, con un lenguaje gestual y corporal espléndido, haciendo empático en su perfidia a este Monstruo, representa con vigor y sin sobreactuación la falta de escrúpulos profesionales, ello con una oratoria siniestra, surtida de libros de autoayuda simplistas, un zas a este subgénero literario que también nutre internet, Grande Jake Gillenhaal, me faltaría saber algo de su pasado, empieza en un punto y aparte y no conoceremos nada de su vida anterior a su encontrada profesión-vocación.

Rene Russo está maravillosa en su rol complejo, el eslabón necesario entre el crápula free-lance y el público hambriento, una guerrera en un mundo de buitres, se mueve con contundencia, con deliciosos tour de forcé con Gillenhaal, aporta. Russo de 60 años, estaba retirada pero lo dejó para actuar en el film de su esposo Dan Gilroy, gran acierto por la tremenda química que se desprende entre el protagonista y ella.

La cinta bebe del cine setentero, por su autenticidad, con ambientes feistas, mugrientos, callejeros, asimismo recuerda o bebe del film “Peeping Tom” de Michael Powell, en que el protagonista jugaba mórbida y estéticamente con los cadáveres para obtener una mejor foto, también tiene efluvios del “Taxi Driver” de Scorsese, en su estética nocturno- feista y en la composición de un hijo del tiempo.

La puesta en escena es un elemento primordial para trasladarnos ese aire tenebroso cuasi-avernal, con un brillante diseño de producción de Kevin Kavanaugh (“Salvar al soldado Ryan”, “El caballero oscuro” o “Transformers”), moviéndonos por las cloacas de Los Ángeles, sus barrios bajos, calles desoladas, dando la sensación de selva cuasi-apocalíptica con bestias al acecho, esto fotografiado bellamente por Robert Elswitt (habitual de Paul t. Anderson, “Booggie Nights”, “Magnolia” o “There Will Be Blood”), emitiendo una urbe decadente, lóbrega, tétrica, casi toda en noche, jugando con la oscuridad, trasladándonos crudeza, siendo vibrante en las escenas de acción, fenomenal, y la acción editada de modo vertiginoso por John Gilroy (hermano gemelo del director). James newton Howard compone la música, acompaña sin más.

Un notable ejercicio de crítica social en la que no quedamos muy bien reflejados, la sociedad en general, de los films que remueven la conciencia con inteligencia.

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