24 Abril, 2017

El juez: La defensa de un padre

Los dramas judiciales suelen ser un género que atrae bastante al espectador. Probablemente el deseo de que se haga justicia, junto a la incertidumbre que genera el desenlace final hace que la tensión de sus visionados sea su mayor aliciente. “El juez”, dirigida por David Dobkin, es un híbrido de tonos y géneros con un resultado convencional pero agradecido y donde el duelo interpretativo entre Robert Downey Jr. y Robert Duvall lo gana el segundo por sobriedad y ausencia de gestualización excesiva.

Film que atrae por su gran pareja protagonista, los dos Robert, Duvall y Downeyjr. (también produce), y a la hora de la verdad solo queda eso, unas excelentes actuaciones en medio de un artificioso y enclenque argumento despojado de la más mínima originalidad, que navega por un océano de tópicos y estereotipos mil veces vistos ya en cine, en lo que es un desfile interminable de clichés y de situaciones con un molde ya ajado de tanto explotarlo, el del triunfador que debe volver a sus raíces para resolver problemas familiares y enterrar fantasmas del pasado pone aquí un ladrillo más, con un capataz-director de obra, David Dobkin que demuestra ser un ordinario director que con el gran elenco actoral que tiene a sus ordenes hace un edificio del montón.

El protagonista es Hank (Robert Downey Jr.), exitoso y amoral abogado de Chicago de métodos retorcidos, pero que en su vida personal pasa por un momento delicado, su esposa le ha sido infiel y están en camino del divorcio, tienen una hija (LeightonMeester) por la que se avecina una lucha por su custodia. Un día durante un juicio Hank recibe una llamada telefónica de su hermano Glen (Vincent D’Onofrio) para decirle que su madre ha muerto en su pueblo natal, Carlinville (ficticia localidad de Indiana), Hank emprende un viaje a sus orígenes que le supondrá un viaje al pasado, allí chocará con su padre, Joseph Palmer (Robert Duvall), un veterano juez, con el que mantiene una tensa relación, tras el funeral Hank se dirige de vuelta al aeropuerto, cuando es telefoneado por Glen para comunicarle que su padre ha sido acusado de atropellar mortalmente a un hombre, Hank decide regresar para ayudar en la defensa a su padre. En la historia tienen importancia una ex novia de Hank, Sam (Vera Farmiga),la hija de esta, Carla (Leighton Meester), un segundo hermano de Hank, Dale (Jeremy Strong), es retrasado mental y muy aficionado a las grabaciones de video, el fiscal que acusa al juez, Dwight Dickham (Billy Bob Thornton), y un abogado local novato, CP Kennedy (Dax Shepard), el letrado que en principio representa a el juez.

El guión es de David Schenk (“Gran Torino”) y Bill Dubuque, sobre una historia del primero y del director, pone su acento en el drama familiar, siendo una excusa efectista el drama judicial, toca superficialmente temas como, la integridad personal, el sentido del deber, los principios morales, la redención, o las complicadas relaciones intergeneracionales entre padres e hijos, el enfrentamiento en entre justicia y legalidad, el duelo entre lo moralmente correcto y los subterfugios legales, hace una plúmbea reflexión sobre como los fantasmas del pasado siempre vuelven. El film arranca sobre el género de la comedia agradable, sobre terreno muy trillado, pero entretenida de ver, con un Downey que se mueve en el cinismo y la socarronería de lujo, y de repente se convierte en un drama oscuro sobre rencillas familiares que todos sabemos saldrán y se resolverán, aunque en este caso de modo demasiado edulcorado. Todo esto es desarrollado de modo naif, con un acuciante sentido del deja vú, la previsibilidad es atronadora, buscando conmover de modo ramplón, a empujones, resultando una cinta carente de alma, de personalidad, de peso alguno, todo los huevos están puestos en el tour de forcé Duvall vs Downey, sus poderosos ententes son lo que hacen que su alargadísisisisisimo metraje se pueda medio llevar casi a medias, tanto es así que los estupendos secundarios, Vincent D’Onofrio, Vera Farmiga y Billy Bob Thornton resultan meros apósitos de carácter plano. Es un film donde la sorpresa es algo que resplandece por su estruendosa ausencia,al igual que la sutileza, todo queda muy masticado, donde la emoción y la tensión resultan más planas que una mesa. Y encima para coronarlo todo nos llega un final con unos tintes atropelladamente políticamente correctos, con cero riesgo, intentando moralizar sobre el bien y el mal.

La escena más destacada es por supuesto la que está destinada a maniqueamente manipularte, la de Hank metiendo a su padre desnudo en la bañera para lavarlo, muy tierna, pero esto se nota almibarado y sintiendo zarandeado a sentirte emocionado, ello estaría bien si el resto del metraje no se sintiera un yermo de anodinas situaciones convencionales realizadas con molde. Asimismo está bien una toma sobre el principio, cuando Hank se acerca con su vehículo al pueblo, la cámara comienza en la ventanilla del auto con el abogado, para a continuación en una espectacular toma-travelling alejarse hacia el cielo, y desde allí ver los inmensos y bellos campos de trigo zarandearse mecidos por el viento, y en medio Hank, preciosa secuencia, aunque o bien he leído analizándola se puede entender como paradigma del propio film, o sea unos muy buenos efectos visuales son los que provocan este momento, y la cinta es puro artificio, especiales son los Robert, y efectista es una película artificiosa.

Robert Downeyjr. Está radiante imprimiendo cinismo y causticidad a su rol, y a su lado un Robert Duvall carismático, majestuoso, brillante, y entre los dos una tremenda química, saltan chispas de compenetración, un enfrentamiento de capacidades actorales donde el vencedor es el espectador que obtiene de un lineal film algo de sustancia por la que se siente no ha perdido el tiempo viendo el film. El resto del elenco actoral, lo dicho, adornos con mucho nombre y poca presencia de peso.

La puesta en escena cumple con creces, con elegancia, con una hermosa fotografía del polaco Janusz Kaminski (¨La lista de Schindler” o “Lincoln”), jugando como en él es habitual con el contraste entre interiores y exteriores, con las luces y contrales, asimismo embelleciendo los lindos paisajes. La música corre a cargo de Thomas Newman acercándose al autoplagio de “American Beauty”, sin dejar huella, ni molestar.

En conjunto un entretenido a ratos y manido, aunque extenso film, que solo se recordará por su gran pareja protagonista

RSS Últimas noticias de Cantabria