24 Abril, 2017

“Es fundamental que no dejemos que los gobiernos acaben destruyendo este sistema” Entrevista a Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou

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Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou son una pareja esencial para entender el cómic y la ilustración de nuestro tiempo. Su obra se nutre de su vida mostrando las dificultades de ser padres en una obra, “Una posibilidad” que por fín, de la mano de Astiberri, consigue salvar los obstáculos para volver a estar a disposición de los y las lectoras en una edición definitiva. Más allá de su trabajo en “Una posibilidad” ambos autores son personas comprometidas con su profesión y con la sociedad en la que viven, como descubriremos a lo largo de la entrevista.

 Pregunta: En vuestro caso la historia profesional y personal corren parejas. ¿Cómo os conocisteis?

MA:Nos conocimos en tercero de Bellas Artes, en parte porque Cristina era la única chica que hacía cómics. Yo estaba intentando reunir gente para empezar un fanzine y alguien me dijo: “esa chica de allí hace cómics” y claro, me fui directamente a hablar con ella.

C:Eso sí, primero fue lo profesional y bastante después lo personal. Primero fue el fanzine, luego el estudio y 8 años después, comenzó la pareja…nos costó decidirnos, ja,ja.

P.: En Bellas Artes comenzáis a colaborar formado el fanzine No Aparcar llamo GRUA junto a Robin y Alberto Botella. ¿Cómo recordáis esa época?

MA:La época de facultad es de las mejores épocas que uno puede vivir. Yo la recuerdo con muchísimo cariño. Vienes de ser el raro del instituto, de sentirte fuera de todo y, de pronto, te encuentras en un sitio donde todos son igual que tu (o más raros aún). Es una explosión de vivencias y afinidades que es casi imposible encontrar antes y difícil encontrar después.

C: Para mí fue una época fantástica, el fanzine, nuestros primeros viajes al Salón del Cómic de Barcelona, empezar a presentarnos a concursos de cómic…etc. Yo elegí Bellas Artes porque quería hacer cómics, así que encontrarme con “los Grua” fue genial, encontré lo que buscaba. Ahora Alberto vive en Barcelona y Robin en Murcia, pero cada vez que nos reencontramos los cuatro, para mi es algo muy especial, vuelven las sensaciones de aquella época que disfruté tanto.

P.: ¿Se vivía un ambiente propicio para el cómic y la ilustración en las aulas?

MA: Éramos muy pocos los que nos dedicábamos al cómic. Sí que es verdad que por parte de la mayoría de profesores hubo un apoyo inmediato. Incluso por parte del decano que subvencionó la revista a partir del número 3. Antes había habido antecedentes muy buenos como el Marca Acme. Y después vinieron los chicos de Como vacas mirando el tren (que muchos participaron en nuestra revista: Nacho Casanova, Carlos Maiques, Gerardo Sanz,…).

C: Sí, lo acogían bien, pero es verdad que éramos muy pocos. Como hemos comentado antes yo era la única chica del curso que hacía cómics y de las pocas de la Facultad. También eran pocas las asignaturas útiles para para poder aplicar después lo aprendido en nuestros cómics. En cinco años de carrera, la única asignatura directamente relacionada con el cómic fue la de Narración Figurativa, una asignatura que disfrutamos muchísimo y que impartía Marina Segarra, una gran profesora que además, afortunadamente, es hoy en día muy buena amiga. Ahora, 20 años después, esto ha cambiado mucho (afortunadamente). Desde hace unos años existe un Club de Cómic, son muchos y hay muchas chicas, da gusto ver la cantidad de “comiqueros/as” que hay ahora en la facultad… Además hay más asignaturas relacionadas con el cómic y en el Máster de Diseño e Ilustración una de las asignaturas es específica de cómic, asignatura que imparte desde hace 6 años Miguel Ángel, por cierto.

P.: Muy pronto fundáis el estudio La Grúa, en el que realizáis trabajos de ilustración y cómic. ¿Cómo decidís dar el paso?

MA: La decisión la tomamos en quinto de facultad. Alberto y Robin, que son de fuera de Valencia, querían quedarse y montamos un estudio-vivienda. Cris y yo vivíamos cada uno con nuestros padres e íbamos al estudio todos lo días a trabajar. Bueno, al principio sobre todo a buscar trabajos de ilustración. Casi al mismo tiempo que abríamos el estudio, conseguimos entrar a trabajar en una empresa de dibujos animados, Cartoon Production, y fuimos combinando el trabajo en esta empresa con los encargos de ilustración que nos iban saliendo.

C: Los primeros años (como en todo comienzo) teníamos muy pocos encargos de ilustración, así que nos vino bien trabajar en animación. Aprendimos mucho y fue una época muy divertida, pero también nos sirvió para reafirmar nuestra preferencia por el cómic y la ilustración. La animación nos gusta, pero no tanto como para dedicarnos a ella en exclusiva. Al cabo de unos tres años, la empresa empezó a tener problemas y eso sirvió para que nos decidiéramos a lanzáramos definitivamente y a tiempo completo a trabajar solo en el estudio.

P.: ¿Cómo os organizáis a la hora de hacer el trabajo en común?

M.A: En cómic, empiezo yo con la historia. Le cuento a Cris dos o tres que tengo en la cabeza y ella me dice cual es la que le apetece dibujar e implicarse. Hago yo el guión y el storyboard mientras ella va haciendo la creación de personajes (previa descripción de los mismos por mi parte). A partir del story, Cris siempre añade algo que se le ocurre al leerlo, tanto a nivel literario como a nivel gráfico (de hecho, a nivel gráfico siempre tiene ella la última palabra). Luego lápiz y tinta de Cris y finalmente lo retomo yo y hago el color y arte final (excepto el gouache que lo hace todo ella). En los encargos de ilustración, cada uno hace los suyos según las peticiones del cliente y a menudo nos ayudamos. Por ejemplo, casi siempre hago el color de las ilustraciones de Cristina. De todas formas, como estamos siempre juntos, hablamos y hablamos mucho durante todo el proceso. De hecho, en casa, en la cena, antes de irnos a dormir, seguimos hablando y discutiendo sobre el tema durante meses. En esas épocas en las que estamos en mitad de un proyecto, somos insoportables por obsesivos.

C: Y respecto al reparto de tareas cotidianas del estudio, aparte de hacer cada uno sus encargos, Miguel Ángel se encarga del tema informático (aprender los programas nuevos que llegan…etc), tema educativo (cuando hay que preparar charlas o cursos) y yo de la gestión (económica, presupuestos, papeleos varios…), de la promoción, la agenda y las redes sociales.

P.: ¿Cómo es el día a día en el estudio?

MA: Pues después de dejar a nuestras niñas en el colegio, desayunamos y vamos al estudio, alrededor de las 9.30h. La primera parte de la mañana la dedicamos a gestión. Recibir y contestar correos e-, asuntos de papeleo, facturas y esas cosas. Luego, en mi caso, yo prefiero hacer por la mañana las cosas de menor esfuerzo intelectual, como es colorear o maquetar o preparar páginas, etc. Mi momento fuerte es la tarde y dejo para esas horas las cosas que más concentración me exigen, como es escribir o dibujar o entintar. Paramos a comer a las 14 o 14.30h y a las 15.15h ya estamos otra vez en marcha porque hay que recoger a las niñas a partir de las 17h. A las 18h llega la canguro y nos vamos de nuevo al estudio hasta las 20h que ya paramos. Cuando hay exceso de trabajo, a menudo nos toca trabajar también un rato después de cenar. He de decir que a mi me cuesta muchísimo trabajar después de cenar e intento no llegar a esa situación pero Cristina lo hace a menudo.

C: Sí, habitualmente, me faltan horas, así que, sobre todo si estamos a mitad de un cómic. las horas extras después de la cena y los sábados y domingos, son algo habitual, así que vamos haciendo turnos con las niñas para poder llegar a todo. Y en general en el estudio me gusta ir combinando cosas también, a ratos dibujar, a ratos entintar, gestión…

P.: Lleváis más de 20 años de trabajo en el estudio. ¿Cómo ha cambiado en este tiempo el sector?

MA/C: Bueno, el sector se ha visto afectado por la situación igual que todos. Antes, por ejemplo, había muchísimo trabajo en el sector de libro de texto y ahora no hay prácticamente nada. Además, como en todas partes, la situación ha propiciado un aprovechamiento por parte de algunos que ha servido para abaratar el precio por ilustración y, lo más grave, para instaurar una serie de contratos vergonzosos y abusivos en los que lo único que les falta por pedir es tu alma (todo llegará). Trabajamos más horas y ganamos bastante menos que antes, por un lado por la bajada de precios que hemos comentado y por otro, porque cada vez hacemos más cómic y menos ilustración y la verdad es que en relación tiempo invertido/precios, la ilustración siempre nos sale mucho más rentable que el cómic. También ha habido un cambio (en positivo) respecto a la formación, cada vez son más la universidades, escuelas y centros culturales interesados en cómic e ilustración, lo que aumenta las oportunidades para trabajar dando cursos o talleres.

P.: El co-working facilita la colaboración con otros profesionales. ¿Cómo está siendo vuestra experiencia?

MA/C: Nuestra experiencia es muy buena, pero más que por la colaboración, que la hay, por el hecho de poder comentar y compartir nuestros respectivos trabajos. Lo comentamos todo y suele ser muy enriquecedor saber la opinión de los compañeros. Además, está muy bien compartir los ratos del café, el almuerzo de los viernes todos juntos en el bar y la “comida navideña de autónomos” que organizamos todos los años. Pensamos que es un sistema fantástico, ahorras gastos, tienes un espacio grande con sala de reuniones, no discutes por temas laborales o económicos porque cada uno tiene sus clientes y es su propio jefe y compartes ratos muy buenos. Además, para nosotros, siendo pareja, nos viene muy bien hablar con otra gente, ja,ja,ja.

P.: ¿Cuáles son las ventajas y desventajas?

MA/C: La ventaja lo que hemos dicho arriba. Además, somos todos muy buenos amigos (el estudio es nuestro y hacemos un “casting” muy duro para ver quien entra) como hemos dicho, solemos comer juntos, hacer comida de navidad, etc. La principal desventaja es que es difícil mantener siempre a los mismos. Hay quien se viene y las cosas no le van bien y no tiene más remedio que dejárselo. Es muy difícil cubrir todos los espacios que tenemos en alquiler. Luego, toda convivencia tiene pequeños roces y situaciones que hay que saber llevar. De momento no ha habido nada preocupante ni nadie que cause problemas, nos llevamos muy bien. Si alguien se pasa se le comenta con educación y suele arreglarse. Eso sí, al final se ha prohibido la música en abierto, cada uno con sus cascos, porque obviamente los gustos son muy diferentes.

P.: Compagináis el trabajo con la docencia. ¿Cuál es la respuesta de los alumnos al medio?

MA: La docencia viene como una opción propiciada por la situación. Al no haber trabajo de ilustración o cómic durante la crisis buscas nuevas opciones y la docencia fue una. En mi caso la acepté y he descubierto una vocación que no sabía que tenía. En cuanto a los alumnos, hay de todo. Sí que es verdad que doy clase en un Máster de Diseño e ilustración al que se entra con selección de dossier. Esto hace que los alumnos sean ya mayores y con una tendencia muy definida hacia el medio. Estos alumnos suelen ser muy buenos. Cada año me sorprendo más por su calidad y talento. Lo único que me produce cierta pena es que soy consciente de que no hay mercado para todos y que algunos no van a llegar, teniendo lo que hay que tener, a ser profesionales. Pero bueno, esto ha pasado siempre y siempre pasará.

P.: ¿Cómo está cambiando la formación artística?

MA: No sé si tenemos la perspectiva suficiente para responder a esta pregunta. Lo que sí he visto es que, gracias al bachillerato artístico, muchos chavales de menos de 18 años ya vienen con un talento y unas ideas más claras que las que tenía yo a su edad. Por otro lado, el Máster (y la escuela ESAT) tienen un programa de ilustración que ya nos gustaría a nosotros haber tenido a esas edades. En un año van a aprender lo que a nosotros nos costó cinco a base de tortazos y meteduras de pata de cliente en cliente que a ellos les vamos a ahorrar. Salen mucho más preparados que nosotros.

UNA POSIBILIDAD

P.: Astiberri edita en un solo tomo dos obras esenciales en vuestra vida: Una posibilidad entre mil y La máquina de Efrén. ¿Cómo vivís este reencuentro con vuestros trabajos más recordados?

MA: Con mucha emoción por varios motivos. Por el reencuentro con ese material, por el tipo de edición (tapa dura, material inédito, 320 páginas) y por poder trabajar con Astiberri, que ha supuesto volver a encontrarnos con Héloïse, que fue nuestra primera editora cuando estaba en SinsEntido. Una posibilidad entre mil lo hicimos con ella y ha sido bonito volver a retomar el libro juntos.

C: Para mi ha sido muy curioso retomar la historia, ha sido emotivo y extraño al mismo tiempo. Para esta edición hemos hecho cinco páginas nuevas, que van al final del libro, y volver a dibujarnos y hablar de nuestra historia me ha resultado curioso. Estas páginas responden a las numerosas peticiones que hemos ido recibiendo durante estos años por parte de los lectores. A menudo nos preguntan por cómo fueron los primeros días en casa, por cómo están las niñas ahora que estamos los cuatro juntos… así que estas páginas responden a esas preguntas. Por otro lado, sacar esta nueva edición ha supuesto una alegría y un alivio, porque era muy frustraste recibir mensajes de lectores que no encontraban los libros. Después de este tiempo de incertidumbre en el que estaban prácticamente agotados, es un descanso comprobar que el libro está ahora disponible en cualquier librería.

P.: El nacimiento de vuestra hija Laia se convierte en una experiencia que decidís compartir con el público. ¿Cómo nace “Una posibilidad entre mil?

MA: Pues nace durante los largos días de hospital. Hay un momento, cuando se llevaron a Laia y estábamos en mitad de la incertidumbre, en que pasa por delante de la habitación nuestra amiga Ana, la ginecóloga que asistió el parto, y no se para a saludar, sigue corriendo hacia el final del pasillo a la zona de la unidad neonatal. En ese momento fue como si mi mente se dividiera en dos (¿una posible huida de la dura realidad?). La mayor parte de mis pensamientos estaban en la obvia preocupación por la niña. Pero otra parte de mi cerebro, la creativa, pensó que era un gran giro argumental para una historia. En ese momento se produjo el germen que luego, cuatro años después, acabaría siendo el guión de Una posibilidad entre mil.

P.: El libro tiene un curioso periplo editorial hasta llegar a su edición definitiva de la mano de Astiberri.

C.: Sí, ha sido un camino curioso. Presentamos el proyecto a la primera edición del Premio Fnac/Sins Entido. No ganamos (lo ganó Jorge González con Fueye), pero gracias a habernos presentado, Jesús Moreno vio el proyecto y le gustó, así que nos llamó directamente. Aún recuerdo el momento en el que recibimos su correo e- ¡menuda alegría!. Sins Entido editó Una posibilidad en 2009 (llegamos a hacer 3 ediciones) y La máquina en 2012. Después Sins Entido se quedó “en pausa” un tiempo hasta acabar cerrando más tarde. Esto provocó que los libros, tanto Una posibilidad entre mil como La máquina de Efrén, se quedaran en un “limbo” extraño, porque aún estaban distribuidos en algunas librerías, pero en la mayoría de sitios eran difíciles de encontrar y no había donde solicitarlos. Como hemos comentado antes, a menudo nos llegaban mensajes de lectores que los buscaban y no los encontraban, y esto nos creaba mucho desasosiego. Finalmente, llegamos a un acuerdo con Sins Entido y recuperamos los derechos de ambos libros. Nuestra primera opción fue hablar con Salamandra Graphic, ya que Catalina Mejía, su editora, había sido nuestra última editora en Sins Entido y cuando ésta cerró nos “fichó” para Salamandra, donde publicamos con ella Cuando no sabes qué decir. Catalina estaba muy interesada en publicar el volumen integral, pero las fechas de publicación que podía ofrecer  eran a muy largo plazo y no podíamos esperar tanto. Y Catalina (aunque le daba mucha pena no poder editar ella el libro) entendió perfectamente que buscáramos una alternativa en otra editorial. Fue entonces cuando nos pusimos en contacto con Astiberri y, afortunadamente, nos dijeron que sí.

P.: La iniciativa de contar vuestra historia parte de ti, Miguel Ángel. ¿Cómo te planteas este reto?

MA.: Lo primero que me planteé fue que tenía que ser una historia donde primara, por encima de todo, la honradez narrativa. Era consciente de que, como padre afectado, podía caer en varias trampas narrativas que como lector o espectador no me gustan nada. Trampas como caer en la lágrima fácil, utilizar la historia para buscar culpables, ponernos como súper-padres, etc. Así que lo primero que busqué fue encontrar el tono adecuado para contar la historia, luego Cris buscó el dibujo adecuado para ese tono y, una vez definidas ambas partes, emprendí el guión (que costó lo suyo, he de decir).

¿Es difícil encontrar la distancia para poder contar vuestra propia historia?

MA: Sí, como decía, tiene que ser un ejercicio de honradez narrativa muy grande, y esto sólo se puede hacer manteniendo una distancia considerable. De hecho me lo planteé como si fuera un documental, como si en todo momento hubiera habido una cámara omnipresente grabando aquellas situaciones, los buenos momentos y los malos momentos.

P.: La ascensión del gran mal será un trabajo determinante a la hora de afrontar Una posibilidad entre mil.

MA: Sí, el cómic de David B. fue, por el tema, por cómo lo trata, una notable influencia. De hecho me costaba convencer a Cris para encarar el proyecto. Al final la convencí con una viñeta de este cómic en donde se ve a la familia rodeada de un montón de médicos. En aquellos momentos nosotros estábamos viviendo “la ronda de médicos”. Cris se sintió tan identificada con esa imagen que fue en esos momentos cuando vio que era posible contar nuestra historia a través de una novela gráfica.

P.: Una posibilidad es, junto a obras como Píldoras azules o María y yo, un libro de referencia para entender otras realidades a través del cómic.

MA: Gracias por ponernos al lado de esas dos magníficas obras que son una referencia para nosotros. La verdad es que la respuesta que nos ha llegado por parte del público ha sido espectacular y sí que es verdad que el cómic es un medio fantástico para dar a conocer otras realidades o temas que son difíciles o poco conocidos. Los recursos gráficos y narrativos que te da el cómic pueden llegar a ser realmente didácticos y sobre todo cercanos. Nos han llegado muchos mensajes de centros y asociaciones relacionados con la discapacidad y la adopción que recomiendan nuestro cómic a los padres nuevos que llegan y eso es muy gratificante.

P.: En el libro mostráis vuestra experiencia con vuestra hija Laia, que sufre una parálisis cerebral. ¿Fue difícil afrontar el tema?

MA: Sí, mucho. Es una parte de tu vida que desearías que no hubiera ocurrido, posiblemente lo más duro que nos ha pasado nunca. Escribir y dibujarlo te obliga, no sólo a recordarlo, sino a recordarlo a un nivel de detalle inmenso. Recuerdo que me ponía a escribir y tenía que dejarlo descansar unos días porque me ponía a llorar directamente. Y a Cris le pasaba lo mismo, se ponía a leerlo y lo tenía que dejar. Sin embargo, al final (aunque no era nuestro objetivo) ha resultado ser muy terapéutico. Hay un momento mágico en que tu cabeza hace click y pasan a ser personajes (con su propia lógica de personajes) y de pronto se produce una distancia satisfactoria entre la realidad y lo narrado. Además, luego los recuerdos se convierten en dibujos y éstos son infinitamente más bellos que la realidad. Más tarde nos comentaron que, sin saberlo, habíamos hecho un proceso resiliente y que el arte es uno de los mejores tratamientos para la superación del dolor y del duelo. El proceso resiliente te permite transformar algo negativo, doloroso, en otra cosa que puede ser útil para ti o para los demás. No cura la herida, la herida sigue ahí, pero te hace afrontar sus consecuencias de manera diferente, te permite seguir hacia adelante y llevarlo mejor.

P.: En el libro se confunden vuestras voces, dejando que el peso de la narración sea corresponsable.

MA: Sí, pensé que entraba dentro de la lógica narrativa. Cuando te pasa algo así pueden pasar tres cosas, que la pareja se una y ambos remen en el mismo sentido, que la pareja se desuna y uno de ellos reme y el otro se quede parado, o que ambos se queden parados. En nuestro caso ambos remamos en el mismo sentido y teníamos las mismas opiniones y la misma manera de enfocar las vicisitudes, por eso lo de una única voz narrativa. He de decir que me pensaba que había encontrado un gran hallazgo narrativo en esto de romper una única voz narrativa. Luego, releyendo a Cortázar me di cuenta de que lo había sacado de ahí de forma inconsciente (me refiero a Las babas del diablo, por poner un ejemplo). Creo que a esto de olvidar de dónde has sacado una idea se le llama criptonesia y eso fue lo que me pasó a mi en este caso.

P.: A pesar de la dureza del tema hay una corriente de optimismo que rodea todo el libro y a sus protagonistas.

MA: Es un reflejo de nuestra forma de ser. Ambos, por suerte, somos personas optimistas y alegres y nos encanta, citando a Chomsky, hacer una “pedagogía de la esperanza”. Por otro lado, es un tema que puedo entender que se hubiera mostrado desde un punto de vista más derrotista. De hecho, yo aconsejo leer Una cuestión personal de Kenzaburo Oe. Este libro, también autobiográfico, cuenta exactamente la misma historia que nosotros. A Oe y esposa, les pasó exactamente lo mismo, sin embargo, el libro de Oe es una bajada a los infiernos del protagonista. Al fin y al cabo, la decisión de qué quieres contar, cómo lo quieres contar y con qué quieres que se quede tu lector, como autor, es siempre tuya.

C: Queríamos que los lectores se quedaran con buen sabor de boca, que se sintieran alegres al final del libro por todos los logros conseguidos por Laia, exactamente igual que nos sentimos nosotros. Quisimos contar esta historia porque al final, no es una historia triste, es muy dura al principio, pero es ascendente. Nosotros siempre lo hemos visto como una historia positiva, porque intenta dar valor a todo lo conseguido. Estamos muy contentos con la evolución de Laia y eso queríamos compartirlo. También queríamos aprovechar para agradecer públicamente a toda la gente que ha estado a nuestro lado y que nos ha ayudado.

P.: No caéis, sin embargo, en una dulcificación extrema que nos haga olvidar las dificultades del viaje. Imagino que dar con el tono adecuado para la historia sería complicado.

MA: Sí, ya lo decía al principio, me lo planteé como un documental. La cámara estaba allí grabando y estaba prohibido tomar parte de lo que se contaba. Como autor, intento tener una grandísimo respeto por esa persona anónima que ha decidido gastarse un dinero en mi libro y al que no puedo ni aburrir ni defraudar. Yo soy lector compulsivo y me da muchísima pena cuando a mitad de un libro me entran ganas de abandonarlo porque me aburre, bien porque no me interesan los personajes, bien porque está mal contado. Tenía como referencia, entre otras y aunque parezca muy distante, Trainspotting. Me explico. Esta película muestra el mundo de las drogas tal como es, con lo bueno y con lo malo, el espectador ya decidirá con qué quedarse. Es una película que tiene gran respeto por su espectador (lo normal es mostrar las drogas solo como algo terrible). Este respeto ético para con el espectador lo tenía siempre en mente e intentaba no ser parte moralista en la historia.

C: Es importante que no se olviden, como tu dices, las dificultades del viaje. Que seamos personas positivas y hayamos decidido afrontar esto de una determinada manera no significa que no suframos, o que no sea difícil. Convivir con una persona dependiente y saber además que lo será toda la vida es muy complicado, a menudo agotador, requiere mucho esfuerzo. Así que también tenemos nuestros momentos bajos como todo el mundo y eso hay que mostrarlo también. La clave es encontrar el equilibrio entre lo bueno y lo malo, afrontar y resistir ante lo malo y aprender a disfrutar de lo bueno.

P.: Resultan especialmente angustiosos los primeros días de vida, llenos de incertidumbres.

MA.: Sí, fueron muy duros y la sensación de caída al abismo no te la puedes quitar de encima. Lo complicado, después, era encontrar la forma de llevar esas sensaciones a un cómic. Nosotros ya teníamos experiencia en los tebeos, pero nunca nos habíamos enfrentado a una historia tan larga y con tal nivel de complejidad. Apostamos, como David B. en La ascensión del gran mal, por las metáforas visuales y los mensajes subliminales (o niveles de lectura). Aparte de las obvias metáforas, utilizamos también el color y la iluminación como herramientas para transmitir ciertas sensaciones. Si te fijas, te darás cuenta de que las primeras páginas del libro están dominadas por el negro y conforme avanza la lectura y entra la esperanza, empiezan a dominar los blancos. A este tipo de recursos me refiero.

P.: En la unidad de neonatos convivís con diferentes realidades.

C.: Sí, fue una experiencia totalmente nueva para nosotros, pero realmente enriquecedora. Ver las distintas realidades y circunstancias de las familias que estaban allí nos ayudó mucho, te das cuenta de que no eres el único y de que es posible llevar la situación con relativa normalidad. También ves las diferentes fases por las que va pasando cada uno y te das cuenta a medida que pasa el tiempo de cómo vas aceptando esta nueva situación. Fue muy emocionante ver también como se trabaja dentro de esta unidad. Salvo raras excepciones, la calidad humana, la empatía y el esfuerzo constante de las personas que están allí trabajando para que nuestros hijos salgan adelante fue realmente un descubrimiento. Siempre hemos defendido la importancia de mantener y valorar nuestra sanidad pública, pero después de lo vivido, aún más. Es fundamental que no dejemos que los gobiernos acaben destruyendo este sistema, que pese a tener aspectos susceptibles de mejoras, es uno de los mejores del mundo. Además, tiempo después hemos tenido la oportunidad de viajar a África y a zonas en vías de desarrollo en Latinoamérica, lo que ha corroborado que realmente es cierto, realmente, la sanidad de nuestro país es muy buena y debería ser así en todas partes.

P.: Una batalla especialmente ardua será la lactancia.

C: Lo fue, pero mirando el proceso desde la distancia creo que, aunque supuso un esfuerzo, al final me ayudó, se podría decir que fue casi tan beneficioso para Laia como para mi. Las horas en casa esperando a que llegara el momento de poder ir a verla al hospital se hacían largas, así que el hecho de poder hacer algo por ella durante ese tiempo, como era intentar conseguir que la leche brotara de nuevo por medio del sacaleches, me hacía sentirme útil. El proceso fue complicado, pero precisamente por ello, el logro conseguido sabe todavía mejor. Decir también que no lo hubiera conseguido si no hubiera sido por mi amiga Salomé y por la Asociación Amamanta, que hacen un trabajo en pro de la lactancia espectacular y muy necesario.

P.: En el libro se entremezclan los diálogos del mismo modo que los roles se intercambian. En muchos momentos mostráis las dudas y angustias que surgen a lo largo del viaje y la necesidad de poder caer para seguir adelante.

MA.: Como decíamos, por suerte ambos remamos en la misma dirección, pero no en el mismo momento. Cristina pasó el duelo al principio y yo recuerdo que sólo me preocupaba su bienestar (y el de la niña, claro). Por eso me dediqué a cuidarla y a cuidar de los míos. Pero es una situación que no puedes aguantar mucho tiempo. Así que cuando yo caí en el duelo, Cris me sustituyó y empezó ella a tirar del carro. Por otro lado, ambos éramos conscientes de lo que estaba pasando y de que iba a ser un camino duro y complicado. Como nos dijo nuestro amigo Mariano, teníamos un índice muy alto de “realidad” y de saber en qué estábamos metidos. Esta capacidad de aceptar la realidad hace que aceptes también que tarde o temprano te vas hundir, que aceptes que van a venir momentos muy duros. De alguna manera te preparas para ello, pero, al mismo tiempo, como es algo que nunca has vivido, tu imaginación tiene un límite que la realidad siempre va a sobrepasar. Si eres consciente de esto último creo que puedes enfrentarte a algo así. Es un poco la frase final de Julio Cortázar que resume el libro: “nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”.

P.: En la obra vemos como utilizáis a placer el lenguaje del cómic para dar soluciones gráficas a conflictos internos difíciles de transmitir.

MA: Tienes un lenguaje a tu servicio y lo tienes que hacer servir para transmitir lo que quieres transmitir. Como he dicho, era nuestra primera obra larga y compleja y teníamos bastantes inseguridades en cuanto a cómo transmitir aquello. La referencia de David B. era constante y el uso de las metáforas visuales fue la primera decisión que tomamos. Ambos venimos de la ilustración y la utilización de las metáforas y de los juegos gráficos en ilustración es constante, así que entre los dos buscábamos las que creíamos que iban a transmitir mejor la idea. De hecho, muchos de los logros, de lo acertado de estas metáforas, son obra directamente de Cristina. Ambos libros están hechos a cuatro manos en todo el proceso.

P.: La rehabilitación será una lucha constante que pondrá a prueba vuestro valor.

MA.: Sí, era muy duro y en ese momento fue cuando yo me hundí y cuando Cris salió a flote. Al mismo tiempo, asesorados de forma extraordinaria por Mariano y Florencio, éramos muy conscientes de que con esa terapia podíamos conseguir algo muy positivo para la niña. Así que, con la inestimable ayuda de la familia de Cris, nos pusimos manos a la obra. Estamos convencidos de que la terapia Vojta fue fundamental para el desarrollo motor de Laia.

C: Fue un auténtico reto. Uno no sabe lo que es capaz de hacer hasta que la vida te pone una situación en la que tienes que reaccionar. Fue muy importante la ayuda de mi familia, mis padres y mis hermanas aprendieron los ejercicios y mi hermana Elvira estuvo ayudándome con ellos una larga temporada. Había que hacerlo y lo hicimos y eso queda ahí siempre y te ayuda a ir superando los obstáculos nuevos que se van presentando. La terapia vojta acabó, pero llegaron otras cosas, como los problemas en los pies, la escoliosis de la espalda o las crisis epilépticas… ¡la ronda de médicos sigue!

P.: En todo momento vemos la necesidad de un cuerpo médico concienciado y empático con la situación de los padres para poder continuar.

MA/C: Sí, la medicina tiene el peligro de caer en la ausencia de empatía, en la falta de tacto. No queríamos hacer una denuncia de esto porque hubieron muchos médicos y enfermeras que nos ayudaron muchísimo. Lo más curioso es que nos han escrito de muchísimos hospitales y un buen número de enfermeras y médicos nos han dicho que están utilizando nuestro libro para sensibilizar a los futuros médicos o enfermeros/as. Incluyen nuestro libro en lo que llaman “medicina narrativa” y algunos de ellos lo han llevado a congresos como muestra. Hace poco la Dra. Blanca Mayor, experta en comunicación en salud, incluyó Una posibilidad en su libro “El cómic como recurso didáctico en los estudio de medicina”, todo un orgullo para nosotros.

P.: En esta época de recortes vuestro testimonio es toda una proclama a favor de la sanidad pública.

MA/C: Absolutamente. Si Laia hubiera nacido en EEUU estaríamos completamente arruinados, nosotros y nuestras familias. Teníamos un sistema sanitario magnífico y solidario, de los mejores del mundo, y nos produce muchísima rabia que se lo estén intentando cargar en favor de las privadas. Por suerte en Valencia (y otras comunidades), el nuevo gobierno lo está recuperando y está apostando de nuevo por la sanidad pública y por la educación pública. Cuando el gobierno de Zapatero puso la ley de dependencia, como Valencia era feudo del PP, era una auténtica vergüenza el trato a los dependientes, una enorme tomadura de pelo. La actual vicepresidente de la Generalitat, Mónica Oltra, prometió regular este desfase y fue de las primeras cosas qué hizo. Lo reguló, lo revisó y pagan religiosamente cada mes. Luego tienes que oír a los conservadores decir que todos los políticos son iguales, lo que es una gran falacia y sólo sirve para intentar justificar sus desmanes, que en Valencia fueron muchísimos.

P.: La conciliación entre la crianza y el trabajo tendrá un especial protagonismo en la obra, malabarismos con los que muchos padres se sentirán muy identificados pero que pocas veces se aborda de un modo tan directo como lo hacéis vosotros en la obra.

MA: Entra dentro de lo que decíamos antes de mostrar tal y como era la vida, a modo de documental, lo bueno y lo malo. No esconder nada. Además, mostrar el entorno familiar le da a la narrativa una sensación de realismo intencionado, es un poco como el neorrealismo italiano. O como El verdugo de Berlanga (que bebe mucho del neorrealismo): más de la mitad del metraje es la vida de la pareja. Cuando, al final, el protagonista tiene que ejercer de verdugo, estás tan dentro de su vida que la situación que él vive la vives con él porque llevas tanto rato compartiendo su vida de hombre normal que no puedes evitar caer en el mismo pozo que él. En nuestro caso necesitábamos que el lector se identificase mucho con los protagonistas, por eso esta plasmación de la vida normal.

C: Nos parecía muy importante mostrar que la conciliación es muy difícil hoy en día, pero que es algo menos difícil llevarla a cabo si hay igualdad real en la pareja. En nuestro caso, además, al compartir la profesión, nos resulta más fácil entender las horas extras. En casa siempre hemos tenido claro que todo es cosa de los dos y hay que repartirse, el respeto mutuo es fundamental. Por desgracia, mucha gente tiene clara la teoría pero no la práctica. Todavía hoy, muchas de mis amigas llevan el peso de la casa y los niños además de trabajar. Queríamos mostrar que sí es posible una crianza igualitaria y que eso contribuye a mejorar la vida de toda la familia.

P.: Una posibilidad entre mil es un libro indispensable en la historia reciente de nuestro cómic y ha recibido numerosos premios así cómo un apoyo constante del público. ¿Cómo vivís el cariño de la gente?

MA/C: Al principio fue inesperado. Durante meses uno está preocupado en la narrativa y en el dibujo y toda tu energía va dirigida a que aquello se entienda bien, a que los momentos fuertes estén bien situados y a que el lector se emocione cuando tu crees que debe hacerlo. El reconocimiento del público siempre es bienvenido porque, de alguna manera, confirma que tus esfuerzos no han sido en vano. Por otro lado hemos recibido manifestaciones de padres que habían pasado por lo mismo que han sido realmente emocionantes. Cada vez que recibes un mensaje, te llenas de energía y te ayuda a afrontar el día a día y a seguir con tu trabajo.

P.: En el libro habláis de un antiguo anhelo que decidís llevar a cabo, la adopción. Una vez Laia empieza a crecer decidís afrontar este nuevo reto.

MA/C: Sí, como nuestra vida no era de por sí complicada decidimos complicarla más, ja, ja. Bromas aparte, desde que decidimos formar familia teníamos claro que nuestro proyecto era tener un hijo/a biológico y otro adoptado. En eso coincidíamos los dos. Cuando pasó todo lo de Laia, decidimos aparcar el proyecto por razones obvias. Cuando la niña empezó a andar y veíamos la luz al final del túnel, retomamos el proyecto de vida y nos lanzamos de cabeza a la adopción.

P.: Decidís contar la experiencia en La maquina de Efrén.

MA/C: Sí, el viaje de la adopción también nos parecía una historia interesante de contar. Además, mucha gente quería saber cómo iba Laia y podíamos cubrir las dos cosas: ser una continuación de Una posibilidad y a la vez un libro nuevo con el tema de la adopción en primer plano.

P.: En La máquina de Efren mostráis el largo y arduo camino administrativo para llevar a cabo la adopción que en ocasiones adquiere tintes kafkianos.

MA/C: Es tal cual. De todas maneras, al final del todo, cuando haces la valoración del proceso, te das cuenta de que lo que más preocupa a las autoridades de ambos países es el bienestar del niño o niña. Esto obliga a ambos estados a hacer fuertes filtros para que no hayan cosas raras, y eso te da mucha tranquilidad como padres. Cuando estuvimos allí, había una pareja de estadounidenses, donde no hay tanto control, que no podían salir del país porque la empresa que administraba la adopción estaba siendo investigada por tráfico de niños, creo recordar. La pareja llevaba más de un mes en Addís Abeba y no conseguían el permiso para salir del país. Y tampoco podían abandonar al hijo porque ya habían establecido los lazos afectivos con él. Recuerdo que ella decía que estaba dispuesta a quedarse a vivir allí si era necesario. Meses después nos escribimos con ellos y ya estaban en los EEUU con el chiquillo.

P.: De nuevo vivís años de incertidumbre hasta que finalmente se acepta vuestra solicitud.

MA/C: Sí, pero es el proceso habitual. Nosotros estuvimos tres años y medio. Ahora que todo se ha complicado mucho sabemos de familias que llevan más de cinco años a la espera. La situación política se ha complicado y hay un constante tira y afloja entre los países adoptantes y los que dan niños en adopción. Cada vez hay más conflictos y problemas, cosas que al final perjudica a las familias y sobre todo a los niños.

P.: En La máquina continuáis mostrando vuestro día a día con Laia y podemos ver como sigue creciendo así como la importancia que Una posibilidad entre mil ha tenido en vuestras vidas.

MA: Era la misma premisa que Una posibilidad, mostrar la vida tal cual la habíamos vivido. Si Una posibilidad había tenido cierta repercusión teníamos que sacarlo. Por otro lado ambos somos gente feliz y con mucho sentido del humor. En Una posibilidad se me había quedado fuera el humor porque se salía del tono de la historia. En La máquina pude introducirlo sin problemas y creo que ayuda a conocer mejor a los protagonistas. También es verdad que la situación de Una posibilidad te sobrepasa de tal manera que deja muy pocos espacios para mostrarte como eres y pareces más un zombi que otra cosa.

P.: En el camino veremos los efectos de la crisis y sus consecuencias en la ley de dependencia.

R: Aquí voy a matizar un poco, no me gustaría caer en la neo-verdad que intentó y está intentando imponer el gobierno actual en donde es muy fácil cargar toda la culpa a la crisis. No era un reflejo de la crisis, era un reflejo de una administración nefasta e ideológicamente contraria a esa ley. En aquella época hubo dinero para la visita del papa, para el circuito urbano, los campeonatos de tenis y de hípica, la Gúrtel y Marsans y resulta que no había dinero para la dependencia. Era la época de los grandes fastos y de los grandes robos y las grandes mentiras del gobierno valenciano. Mientras, había colegios en barracones durante años y familias que antes se les moría la madre o el padre que les llegaba la ayuda de la dependencia. Se excusaron en la crisis pero fue simple y llanamente mala gestión. Lo hicieron también con la sanidad. Hasta que Laia tuvo 8 años, tuvo todo lo que necesitó, todo estaba cubierto por la seguridad social, pagada con nuestros impuestos. Pero a partir de un momento empezaron con el famoso co-pago, que era en realidad un “re-pago”, ya que nosotros ya pagamos la sanidad con nuestros autónomos. Afortunadamente, como hemos citado antes, el nuevo gobierno valenciano se está tomando en serio estos aspectos y está tratando de arreglar el desaguisado.

P.: La máquina comienza con un viaje, el final del camino, cuando viajáis a Adís Abeba a conocer a Selam

MA: Sí, La máquina de Efrén es casi un libro de aventuras. Lo más curioso es que lo íbamos escribiendo conforme lo íbamos viviendo.

P.: Uno de los momentos más emotivos del libro es vuestro primer encuentro con Selam, una amalgama de sensaciones que conseguís transmitir al lector.

MA: Gracias. La verdad es que era una situación compleja en la que no sabes muy bien qué hacer, cómo actuar y tu mente está inundada de dudas e inseguridades (¿me aceptará? ¿será buena, cariñosa, alegre? ¿seré capaz de estar a la altura?). Era un momento donde todo se congela, es como si el tiempo se parase, así que buscamos una narrativa que frenara de pronto todo, esa página entera con la niña a un lado y nosotros en el opuesto, las nubes al fondo que casi sientes que van moviendo. Es un momento increíble y, en el cómic, una imagen preciosa.

P.: La llegada a África supone un cambio de color en el libro, que parece que se llena de luz con un tono dorado frente a la tinta azul que había predominado hasta el momento.

C: Es un reflejo de cómo nos sentíamos. Nuestra vida había dejado de ser color azul/verdoso (color hospital) y había pasado al ocre africano. La luz de África nos impactó nada más bajar del avión y nos había inundado para no dejarnos jamás. El cambio de color es una metáfora del cambio de color de nuestra vida, la alegría por la llegada de Selam.

P.: Los primeros momentos de convivencia están llenos de ternura y dudas.

MA: Claro, no podía ser de otra manera. De pronto tienes bajo tu protección a una niña de cuatro años que ha perdido a sus padres, que no te conoce de nada, que le han dicho que esos hombres pálidos y mayores, a partir de ese instante, son sus padres. Tienes que hacer el esfuerzo de estar a la altura y ser capaz de potenciar el cariño y el amor que por él o ella sientes y que en esos momentos tanto precisa.

C: Las dudas siempre surgen y el agotamiento después del largo proceso y de la emoción del encuentro están ahí, pero los vas superando. La premisa durante los primeros días era no forzar la situación para que Selam no se asustara y para que Laia fuera aceptando los cambios. En resumen mucho mimo, mucho cariño, paciencia y sentido común.

P.: En estos momentos conocéis la realidad etiope y sois conscientes de lo que supone vuestra presencia en su sociedad.

MA/C: Sí, aunque vienes ya preparado de casa por las charlas de la ECAI y por los libros que hayas leído sobre el país, siempre es una impresión acercarte a otras realidades que no son la tuya. Además, está el sonido y la luz que no se pueden percibir hasta que estás allí. Así como el cariño de la gente. Como decíamos antes, éramos conscientes de que vivimos en un país con cierto bienestar social, pero en cuanto aterrizas allí, ves realmente hasta qué punto eres afortunado, porque has podido elegir qué hacer con tu vida. En muchos lugares del mundo y también en muchos lugares de nuestro país, hay demasiada gente que no puede elegir.

P.: De nuevo los trámites administrativos se convierten en protagonistas mientras esperáis el regreso a casa en la máquina de Efren.

C: Es lo que comentábamos antes: el control por parte de los estados para que no haya nada raro y para que el futuro del niño o de la niña sea lo más estable posible. Lo que no quita que sea muy tedioso y que ponga a prueba tus nervios y paciencia.

P.: En el díptico que forman Una posibilidad entre mil y La máquina de Efren tendrá una gran importancia el editor Jesus Moreno de Sins entido. Los vaivenes que sufre el cómic afectan a los dos libros. ¿Cómo vivís la situación?

MA/C: Con Jesús y con Sins Entido siempre hemos tenido (y tenemos) una relación muy buena. Siempre nos ha tratado muy bien, además, él fue quien nos dio nuestra primera oportunidad de publicar y eso se lo agradeceremos siempre. Los derechos de La máquina de Efrén, los recuperamos bastante rápido, en cuanto se agotó la tirada. De Una posibilidad aún quedaban algunos ejemplares en el mercado, pero al final también llegamos a un acuerdo y recuperamos los derechos, siempre con un diálogo fluido con Jesús y entendiéndonos ambas partes. Dicho eso, sí es verdad que estos vaivenes fueron perjudiciales para los dos libros. Como ya hemos comentado, durante bastante tiempo no se encontraban y la gente dejó de buscarlos porque los dio “por perdidos”… creo que hemos perdido unos cuantos lectores por el camino, esperemos poder recuperarlos ahora.

ASOCIACIONISMO

P.: Desde el comienzo vuestra carrera corre pareja a vuestro compromiso con la profesión. Colaboráis en el relanzamiento de la Asociación de Ilustradores de Valencia. ¿Cómo comenzáis a colaborar?

MA: Vino Vicente Ferrer (primer presidente de esta etapa y editor ahora de Media Vaca) a nuestro estudio y nos propuso asistir a una reunión donde estaríamos un grupo de ilustradores. Nos reunimos 16 personas, pusimos 1.000 pesetas cada uno y ya está, se fundó la asociación. Así que desde el primer día podemos decir que estamos en la junta. Luego Cristina fue presidenta y yo lo soy ahora.

P.: Desde fuera da la sensación de una gran tradición y respeto al mundo de la ilustración y el cómic en Valencia, con grandes autores y editoriales referentes en todo el territorio a lo largo de la trayectoria del medio.

MA/C: Sí, Valencia, pese a todo, ha producido siempre grandes autores y una gran tradición y respeto, es verdad. Ahora mismo hay muchísimo movimiento, tenemos la sensación de que es una nueva época de efervescencia de autores, actividades y un inicio de colaboración con las instituciones. Ahora, cuando paseas por Valencia es habitual ver carteles y campañas hechos por creadores valencianos, cosa que hacía años no se veía. Museos como el IVAM han abierto su puertas al Cómic y la ilustración, está el congreso Ilustrafic (uno de los mejores de Europa), las jornadas de cómic de ASOVALCOM, Tenderete (que ya va por su décima edición), Splash Sagunt, librerías con mucha actividad cultural y la Galería especializada Pepita Lumier, además de todas las actividades que organizamos desde APIV. Por otro lado, el sector a nivel institucional ha estado tan mal que ha hecho que a día de hoy compartamos sede editores, libreros e ilustradores y estamos todos agrupados en una fundación, la Fundación FULL. Además, colaboramos todos los años con la Feria del Libro de Valencia.

P.: ¿Coexisten con naturalidad diversas generaciones de ilustradores?

MA/C: Sí, la generación más mayor que nosotros, Miguel Calatayud, Paco Giménez, Sento, Carlos Ortín, somos grandes amigos todos y hemos vivido y compartido mucho. Luego estamos nuestra generación que está a camino entre ésta y las nuevas con las que estamos reproduciendo esos lazos. Es decir, ahora está entrando nueva sabia y ya nos estamos haciendo grandes amigos. De hecho, el tándem que lleva la gestión de APIV, Manu Garrido y Paula Pe están alrededor de los 30 años. Y la junta nueva también es más o menos de esa edad en su mayoría.

P.: ¿Cómo veis la nueva camada de autores y autoras que está surgiendo?

MA/C: La nueva camada es brutalmente buena y además, muchos de ellos y ellas, con una proyección internacional. Aitana Carrasco, Elías Taño, María Herreros, Ana Oncina, Mar Hernández “Malota”, Xulia Vicente, Núria Tamarit, Lola Lorente, Fran Parreño, Luis Demano, Julia Cejas, Manu y Paulape, uf, y los que seguro nos  dejamos…

P.: En la época la APIV se convierte en un referente a nivel estatal ¿Cómo recordáis esa época?

MA: Fue una época muy buena y APIV estaba llevada por gente muy valiosa como fue Vicente Ferrer al principio y más tarde Carmen Castro y la propia Cristina. Además, coincidió con la presidencia en FADIP de Carlos Ortín y con una hermandad entre todas las asociaciones muy buena. Se formó la red europea por iniciativa nuestra y se comenzó la relación con editores y libreros, fue una época realmente intensa y fructífera. Se sentaron las bases para que la asociación siguiera funcionando muchos años y todo ese trabajo bien hecho ha sido clave para que hayamos llegado a este año, en el que cumplimos 20 años, con fuerzas renovadas y mucha gente joven en la junta y con ganas de seguir.

P.: ¿Cómo vive la crisis el asociacionismo?

MA: Bueno, como te decía antes, no me gusta la palabra crisis. Creo que ha habido una revolución de los ricos (que no ha acabado, ahí está el CETA y el TTIP) y una situación montada para que éstos puedan tener una situación propicia, ¿cuántos ricos han sufrido una crisis? El principal problema es, y aquí sí quiero utilizar la palabra crisis, una crisis de valores generado en parte por todo esto. De pronto los jóvenes (salvo muchas excepciones) nos ven a APIV como una institución y nos engloban dentro de todas las instituciones, con sus prejuicios y su pensamiento único de que todas las instituciones son corruptas o anticuadas. La asociación es más parecida a un sindicato que a otra cosa, la verdad. Bueno, la cuestión es que, de pronto nos vemos en la misma situación en la que estábamos al principio, es decir, tenemos que volver a explicar lo que somos y lo que defendemos, principalmente los derechos de autor y el trabajo digno, que no se trabaje gratis nunca, que no se queden con tus originales, que te pagan solo por los derechos de reproducción en un único sitio y no se los pueden quedar para siempre, etcétera, etcétera. Pero bueno, estamos recuperando el terreno y la asociación vuelve a estar en casi todo lo que se monta en Valencia y en boca de la gente. Creo que estamos recuperándonos y no hemos hecho más que empezar (el nuevo equipo lleva ahora algo más de un año de gestión y ya se está notando). Además la relación con todo el sector del libro es buenísima. Con los editores y libreros, que ya hemos comentado, con la asociación de diseñadores gráficos (ADCV), con el congreso de ilustración Ilustrafic, con la asociación de Cómic ASOVALCOM, con Splash Sagunt …etc. Además de colaborar con las instituciones para que por medio de las “Llamadas a proyecto” todos los profesionales tengan la posibilidad de poder llegar a trabajar para las administraciones públicas.

CUANDO NO SABES QUE DECIR

P: En vuestro siguiente trabajo cambiáis de registro y os enfrentáis a una historia de ficción. ¿Cómo nace la obra Cuando no sabes que decir?

M.A: La obra nace a partir de un relato que escribí al poco de acabar la facultad y está inspirada en la relación que tenía en aquel entonces con Alberto y Robin, que junto a Cristina formábamos el Equipo Grua del que hemos hablado antes. Estos dos amigos son a los que está dedicado el libro y con quien seguimos manteniendo una muy buena relación. También hay detalles e historias inspiradas en algunos otros amigos de aquella época. Es un momento de tu vida donde estás abierto a todo y donde todo te afecta mucho, así que s una mezcla de las sensaciones vividas entonces.

P.: El peso de la obra recae en sus protagonistas. ¿Cómo nacen los personajes?

M.A: Me apetecía mucho hacer una novela gráfica de personajes. Ver si era capaz de definirlos bien, dotarles de personalidades fuertes y que el lector fuera capaz de tenerlos muy claros en su mente conforme fuera avanzando la acción. Y que cuando ocurriesen los hechos que ocurren todo entrara dentro de la lógica del propio personaje. Como he dicho, la inspiración, la atmósfera, está en aquella relación. Luego fui construyendo cada uno con pequeños detalles de ellos mismos y de otros amigos. Manu está claramente inspirado en mi, en un posible yo. Al acabar la facultad, cuando estaba buscando y decidiendo a qué dedicarme, se me pasó por la cabeza dedicarme a la crítica de cine. Al final lo desestimé y opté por el cómic y la ilustración y creo que me ha salido bien ya que Manu es un tipo cínico, solitario y tristón, nada que ver con mi yo actual, afortunadamente. Roberto y Tomas son una mezcla de varios amigos. Hemos tomado algunas características y anécdotas de unos y de otros y hemos añadido después lo necesario para definirlos bien. Por otro lado, el personaje de Maider surgió inicialmente de una amiga común que teníamos en la facultad, pero al ir perfilando y concretando la historia, ha ido cambiando y finalmente está bastante inspirada en Cristina y en Ana, mi anterior pareja. Las respuestas bordes de Maider ante la pedantería de los personajes son las que me sueltan ellas cuando me pongo así, je, je.

P.: El relato avanza a través de flashbacks y enlazando diversas historias.

M.A: Cuando no sabes que decir es una historia sobre la memoria y la capacidad de evocación que tienen cosas como la música o el cine. Manu oye Let’s do it de Cole Porter interpretada por Ella Fitzgerald y justo esa canción le lleva a recordar un hecho concreto con sus amigos (en el coche van oyendo esa canción y seguramente antes han estado hablando de Ella o de Cole). Es decir, la narración funciona como funciona nuestra memoria, según el momento que vivimos nuestra mente o nuestros recuerdos saltan de un lugar a otro, cualquier olor, melodía o circunstancia puede tener la facultad de trasladarnos a otro momento vivido. De la misma manera, todo lo que desencadena el relato es el accidente del perro. Si ese accidente lo hubiera mostrado de forma lineal, primero todo el accidente y luego un flashback, ambas historias habrían perdido toda la fuerza. Al juntarlas en un todo narrativo ambas van subiendo en intensidad hasta el desenlace final. Muchos lectores nos han dicho que les ha gustado leer el libro dos veces. Una primera en la que descubren lo que pasa mientras están pendientes de no perder el hilo narrativo y una segunda, para disfrutar de los detalles y verlo de una forma diferente y más relajada.

P.: Realidad y ficción se unen en la obra.

M.A: Veníamos de la autobiografía y hay un pensamiento flotando de que no sabes hacer otra cosa (aunque ya habíamos demostrado con Pillada por ti y con El siglo de oro valenciano que sí). Así que podíamos hacer dos cosas: romper radicalmente y hacer una historia por ejemplo fantástica, o seguir con la autobiografía. A mi se me ocurrió tomar el camino de en medio. Es decir, jugar con la realidad y con la ficción de manera que casi nadie sepa diferenciar qué es real y qué es ficción. Por ejemplo, al final, en el apéndice habla Manu y comenta locales, películas y libros. Los locales, algunos son reales, como es Futurama, y otros son ficticios, como es Out to lunch! que nunca existió. Las anécdotas de cine y de música son todas reales porque sí me interesaba ubicar la historia en una época y un lugar concreto (la Valencia de entre los 90 y la actualidad), precisamente para dar ese tono de realidad. Por otro lado, hay un juego interno que es seguir la época según los estrenos que comentan los personajes. La época en rojo, que se supone es el presente, sólo lo sabemos a ciencia cierta porque en el asiento del coche de Manu se ve una carátula de una película en un DVD.

P.: ¿Ha sido muy distinto el proceso con respecto a vuestros libros anteriores?

C: Para mi sí. Normalmente, ambos intervenimos siempre mucho en todo el proceso, lo hacemos todo conjuntamente, pero en esta ocasión era más un guión claramente de Migue y yo tenía que dibujar a partir de su historia y sus personajes. Reconozco que en un principio me costó, pero una vez conseguí llevarlo a mi terreno, cogerle cariño a los personajes, en definitiva “hacerlo mío”, todo fue sobre ruedas y lo he disfrutado mucho.

P.: En el libro el color parece ser un aliado más a la hora de narrar.

M.A: Sí, era imprescindible. Creo que era necesario que el lector supiese siempre en qué momento de la historia estaba, saber que el marrón era el pasado de facultad, el verde el intermedio y los rojos el presente. Aún así, algún lector nos ha confesado que se ha perdido y que, como comentábamos antes, ha necesitado leerlo dos veces para pillarlo bien. Al mismo tiempo había un juego detrás muy consciente. Las escenas reales son muy sobrias. Prácticamente no hay fondos y casi todo se compone con las luces y pocos elementos. Además sólo hay tres tonalidades de cada color (100%, 60% y 30% del color, más el negro). Sin embargo, el mundo de ficción, incluso cuando es en blanco y negro, es mucho más rico en detalles, en dibujo y en color. Era una forma de transmitir las personalidades de los protagonistas que consideran el mundo de la cultura mucho más rico que el real y que viven prácticamente sumergidos en él.

C: Sí, yo he disfrutado especialmente esas páginas en las que he podido explayarme a nivel gráfico, volver al detalle y probar cosas nuevas. Dibujar por el placer de dibujar, sumergirme absolutamente mientras pasan las horas volando. Retomar la técnica del gouache, volver a coger los pinceles, ha sido un auténtico placer y creo que si uno disfruta dibujando, luego el lector disfruta observando. La pasión se transmite. Yo personalmente disfruto mucho observando los dibujos de mis compañeros y compañeras y me encanta que la gente pueda llegar a disfrutar con los míos.

EL DÍA 3

P.: Para vuestro nuevo proyecto volvéis a la realidad, en este caso de vuestra Valencia natal para narrar uno de los episodios más oscuros de nuestra historia reciente. La llegada del Papa Benedicto XVI hace que un terrible accidente de Metro sea ocultado por los medios y la Administración para que el inmenso drama no perjudique al evento.

MA: Sí, es una historia muy indignante. Cuando vimos el programa de Jordi Évole, todos nos dimos cuenta que la estrategia de silencio orquestado por la administración había funcionado. La sociedad valenciana (y la española por extensión) no se había enterado de nada de lo que había detrás: de la manipulación de los medios, del desprecio a las familias y a las víctimas, de los cero responsables. Habían controlado el poder político, el judicial y el informativo. El único que no pueden controlar es el social, por eso una sociedad democrática, si quiere seguir siéndolo, siempre tiene que estar velando para que nunca más, en ninguno de los casos, vuelva a haber cero responsables. Si te das cuenta, es una historia que se repite con el Yak-42, el Alvia de Galicia,… y de la que nadie, ninguna ciudad o país, está exenta de que le pueda pasar. Creo que es una historia universal.

P.: Para contar la historia os centráis en la historia de 3 familias y su largo peregrinaje desde el dolor inicial hasta la lucha posterior por el reconocimiento de su realidad.

MA: Sí, así es. Aunque, a partir de los testimonios (y por respeto a ellos), lo hemos ficcionado. La idea de este proyecto nació cuando la periodista Laura Ballester y Miguel (un familiar de una víctima) vinieron a presentar el libro de Laura, Luchando contra el olvido, editado por Sembra Llibres, a mi pueblo. En el turno de preguntas se me ocurrió preguntarle a Miguel si él, antes de esta situación personal, ya era activista o si lo era ahora por las circunstancias que la vida le había impuesto. Me dijo que por las circunstancias, que él vivía muy feliz y que no se enteraba de nada ni se complicaba la vida. En ese momento, me pareció una curva de personaje muy interesante: alguien a quien la vida le obliga a tomar un camino que él no ha decidido y que le obliga a actuar en consecuencia. De camino a casa ya había empezado a pensar en hacer la adaptación del libro de Laura. Cuando leí las primeras 10 páginas ya no hubo marcha atrás, ya tenía el arranque de la historia en la cabeza. Además, te das cuenta de que es una historia que tiene que difundirse lo más posible, en distintos medios, para que no se vuelva repetir, ni un accidente así, ni la nefasta gestión posterior.

P.: Presentáis el proyecto y gana el Premio Ciutat de Palma que os permitirá realizar el trabajo con solvencia.

C: Pues sí, es una enorme alegría poder dedicarte a hacer lo que más te gusta gracias a un premio como este. La aparición de becas y concursos para poder desarrollar proyectos de cómic es algo muy bueno que no existía antes. Son ayudas que te permiten no tener que depender de trabajos de encargo para poder pagar la facturas, esos trabajos que llamamos “alimenticios”. Nosotros llevábamos muchos años presentándonos a muchos de los concursos, sin resultados… hasta este año, que nos han concedido el Premio Ciutat de Palma de Cómic. Además, tenemos otro encargo de cómic para este año con lo que ya no tenemos que preocuparnos del tema económico. Hacía muchísimos años que no nos pasaba algo así. Todo el año haciendo cómic y vivir de ello, será un año para recordar ¡seguro!

P.: La Grieta o El día 3 muestran como el cómic mantiene vigente su capacidad de denuncia frente a otros medios más adulterados por intereses externos.

MA: Sí, supongo que eso, en nuestro país, puede tener dos lecturas. Una positiva que dice que tenemos total libertad para que los autores podamos hacer lo que queramos. Y una negativa que dice que como es marginal no preocupa a los centros de poder porque el impacto social es ínfimo. Yo me quedaría con una intermedia que dice que, aunque es marginal, cada vez lo es menos y cada vez está llegando a más público.

P.: ¿Para cuándo podremos ver el libro terminado?

  1. Para finales de año o principios del siguiente.

P.: En todas vuestras obras hay un fuerte componente social o un alto grado de implicación personal. ¿Qué tiene que tener un proyecto para que os enamore?

M.A: Lo del componente social viene de forma automática. Soy incapaz de escribir nada que no tenga detrás un interés social o un compromiso político (entendiendo la política como la implicación como ciudadano en mi entorno). De hecho, incluso cuando he hecho algo más juvenil o de género (ciencia ficción, por ejemplo) siempre hay detrás un fuerte componente de justicia social. Como decía Mario Benedetti en Soy un caso perdido, siempre será así aunque traten de mariposas y nubes y duendes y pescaditos. En resumidas cuentas, lo que tiene que tener es una buena historia, unos personajes interesantes y sólidos, y que aquello acabe emocionando. Como decía, tengo muchísimo respeto por mi lector o lectora y no quiero que se aburran o que tengan la sensación de que han perdido un par de horas de su vida. Al mismo tiempo, como decía Daniel Clowes, quiero que se olviden de que están leyendo un cómic, quiero que la experiencia de lectura esté por encima del medio, no sé si me explico.

C: Sí, yo tampoco lo puedo evitar. Realmente, cuanto más se implica uno a nivel social en la vida diaria más necesidad tienes de reivindicar y manifestarte a través de tu trabajo. Para mí es imprescindible emocionarme con las cosas, sentirlas. Tal y como está el mundo, se me hace casi imposible no ser activista, así que poder serlo a través de mi trabajo es genial. Cada uno puede serlo desde su ámbito personal y profesional, las decisiones que tomas cada día tienen siempre una repercusión en los demás, así que intentamos tener eso siempre presente.

P.: Hablabáis antes de Pillada por ti, en la que afrontáis un tema tan delicado como la violencia de género.

C: Sí, sobre todo de la prevención de la violencia de género en edades vulnerables. Fue un encargo del Ministerio de Igualdad. Lo bueno de este proyecto es que nos dieron total libertad y pudimos hacer un trabajo personal y de autor. Acabamos muy contentos del resultado y de la repercusión que ha tenido en los institutos donde se está trabajando. Hace poco nos enviaron desde una aldea de Perú un corto que habían hecho los chavales del instituto a partir de este cómic. Fue muy emocionante verlos interpretar a nuestros personajes con sus giros gramaticales y su inocencia. En muchos institutos siguen trabajando con este cómic, de hecho, aunque la versión digital es gratuita, la tirada inicial en papel de 20.000 ejemplares se agotó, así que el Ministerio ha tenido que reeditarlo por la demanda que hay, lo que nos alegra mucho, claro.

P.: Colaboráis en Viñetas de Vida para mostrar la realidad de las mujeres en Nicaragua.

MA: Exacto. A partir de la experiencia en aquel país y de las visitas y encuestas a cooperativas llevadas por mujeres pudimos ver cómo el dinero destinado por los gobiernos a cooperación internacional y el de los socios y socias de Oxfam llega hasta donde tiene que llegar. Fue una experiencia muy emocionante que luego pudimos representar en unas paginas de cómic gracias a la campaña Viñetas de vida. Podemos decir que hicimos, a lo Joe Sacco, de reporteros gráficos. Decir también que ha sido el mejor encargo de cómic que nos han hecho nunca, bien organizado, para un buen fin, bien planteado y llevado por unas personas estupendas que han acabado convirtiéndose en amigos, que se den todas estas circunstancias rara vez pasa. Por todo ello, a pesar de ser un encargo, hemos acabado considerándolo como un proyecto personal, uno de los nuestros.

P.: Además de vuestros trabajos en común habéis realizado a lo largo de este tiempo trabajos en solitario. En tu caso, Cristina colaboras en Enjambre, ayudando a visibilizar la realidad de nuestras autoras.

C: Sí, conocí a Susanna Martin que coordinaba el proyecto Enjambre y al mismo tiempo se estaba formado el Colectivo de Autoras de Cómic. Creo que Enjambre es un álbum muy interesante, después de algunas conversaciones con la editorial, conseguimos hacer el álbum a nuestro gusto, como nosotras queríamos, con libertad total en cada una de las historias, lo que dio lugar a un conjunto muy diverso y muy interesante. El pertenecer al Colectivo también está siendo muy enriquecedor, por un lado estamos conociendo el trabajo de muchas compañeras autoras que desconocíamos y por otro estamos consiguiendo avances importantes respecto a visibilidad e igualdad.

P.: En tu caso Miguel Ángel, has colaborado con Núria Tamarit y Xulia Vicente en el libro-cómic Ana Dédalus y has dibujado Astucia Laperla. Luna roja, corazón negro con guión de Stygryt. ¿Cómo afrontas estos proyectos?

MA: Bueno, soy muy inquieto como escritor y como autor y me gusta centrarme en varios proyectos a la vez. No tengo la paciencia y la disciplina que tienen, por ejemplo, los dibujantes profesionales de levantarse y ponerse a dibujar y producir páginas a la semana (y que me produce bastante envidia, lo tengo que decir). Yo necesito ir metiéndome en proyectos nuevos y diferentes constantemente, así que estoy bastante acostumbrado a llevar dos, o tres, o cuatro proyectos a la vez, que pueden ser todos de escribir o alguno de ellos de dibujar.

En el caso de Anna Dédalus fue un encargo del editor y la elección de Xulia y Núria fue idea mía. En aquella época Cristina, que era la primera opción, estaba saturada de trabajo acabando Cuando no sabes qué decir y le era imposible asumir más páginas. El trabajo de Xulia y de Núria, que había visto por las redes y en sus fanzines, me parecía espectacular y me parecíó buena idea darles esa primera oportunidad de trabajar en un proyecto profesional y bien pagado. Me puse en contacto con ellas y se lo propuse y enseguida dijeron que sí. Como decía más arriba, cuando nosotros empezamos, tuvimos la ayuda, el apoyo y consejos de profesionales de una generación mayor a los que siempre hemos estado muy agradecidos como son Carlos Ortin, Paco Giménez, Sento… Creo que es deber nuestro ahora hacer lo mismo con las nuevas generaciones, que encima vienen con un nivelazo increíble.  Ahora estamos preparando el segundo de Anna Dédalus

Con Stygryt fue al revés, fue él el que me buscó como dibujante. Durante muchos años estuve haciendo páginas para una revista infantil/juvenil valenciana, Camacuc. Sty conocía ese trabajo y tenía un guión que se ajustaba a mi estilo. Me gustó la idea y el guión y me puse a dibujar. Como decía, me cuesta mucho dibujar. Soy de los dibujantes lentos que sufren con ello, pero bueno, al final estoy bastante contento del resultado. Por otro lado he de decir que es un libro gafado, que arrastra mala suerte. Lo vendimos a una editorial belga (el mercado para el que iba dirigido) y cuando ya estaba acabado para entrar en imprenta la editorial quebró. Luego nos lo sacó Camarasa en España y ya sabemos el triste final.

P.: Proyectos:

MA: Pues para este año estamos servidos. Aparte de El día tres tenemos un encargo sobre la vida de Vicente Blasco Ibáñez para el Ayuntamiento de Valencia. Por otro lado, sin Cristina, tengo un proyecto con Susanna Martín (a partir de la experiencia en Nicaragua), Anna Dédalus con Xulia y Núria y un cómic de ciencia ficción con Elías Taño que llevamos unos años con él y queremos darle el empujón definitivo.

C: Yo, con dibujar tooodo lo que me queda por dibujar, ya estoy servida. A partir de octubre, cuando salga de la cueva, empezaré a pensar en lo siguiente. Aunque seguro que Miguel Ángel ya tendrá algo preparado para mi, je, je.

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