27 Febrero, 2017

Estoy mas que harto


Estoy mas que harto y quiero seguir soportandolo

MISTERIOSO OBJETO AL MEDIODIA: Network, un mundo implacable (Network) – Sidney Lumet (1976) “América no existe, la democracia no existe. Sólo existen IBM, ITT y AT&T. Y Dupont, Dow, Union Carbide y Exxon. Esas son las naciones del mundo de hoy” Arthur Jensen (Network). A nadie se le escapa que la televisión nunca ha sido más que un medio de comunicación de masas dominado por la pura lógica comercial, que posee una naturaleza uniformadora de gustos y opiniones, y que es un instrumento inmejorable de propaganda, control y cohesión social; así como que, siendo el proveedor único de información para cada vez un mayor número de personas que no sólo no leen un libro, sino ni siquiera la “prensa seria”, contribuye, en definitiva, a asegurar -y a mantener- los pilares básicos del sistema político y económico establecido. Network parte de la premisa de que, al menos respecto de los informativos, no siempre fue así. Hubo un momento, antes de rodar por la pendiente delinfotainment, en que fueron el reducto de la calidad periodística: tanto Schumacher (Holden) -responsable de la división de informativos de la UBS-, como Beale (Finch) -el presentador del telediario-, pertenecen a esa vieja escuela y poseen una concepción clásica y una cierta ética de su profesión (ambos se iniciaron con el mítico periodista Ed Murrow).

Sin embargo, el país al que estos periodistas se dirigen ya no es el mismo, está en crisis, ha dejado de creer en su gobierno (Watergate), ha perdido la inocencia (asesinatos de JFK, RFK, Luther King, Vietnam), ha enterrado la utopía, si alguna vez hubo espacio para ella (como telón de fondo en la película se mencionan los intentos de asesinato sufridos por el presidenteFord, el rocambolesco secuestro y “conversión” de Patty Hearst a manos del Ejército Simbiótico de Liberación y las reuniones de la OPEP). Así, la decepción política, la recesión económica, el alza de los precios del petróleo, la guerra fría, la inseguridad ciudadana… todo esto ha conducido al pesimismo (al nihilismo) y a la alienación y desmovilización social en la que hoy seguimos inmersos. Precisamente, es en esos años cuando se estrenan películas tan sintomáticas como La conversación (The conversation, F.F. Coppola, 1974), El último testigo (The Parallax view,Alan J. Pakula, 1975), y Los tres días del Cóndor (Three days of the condor, Sydney Pollack, 1975), por un lado, y Harry el sucio (Dirty Harry, D. Siegel, 1971) o El vengador anónimo (Death wish, M Winner, 1974) por otro. Los propios medios de comunicación sufren una metamorfosis: se nos muestran en manos de amorfas y poderosas corporaciones con los más diversos y oscuros intereses, fieles únicamente al dogma de la maximización de los beneficios y a la rendición de cuentas, a cuyo frente se encuentran fríos autómatas sin escrúpulos (Duvall); el cambio ha afectado incluso a los propios periodistas, las nuevas generaciones son hijas de la televisión (Faye Dunaway), imbuidas de la misma ambición y espíritu caníbal que las empresas que los contratan.

Los dos viejos periodistas sufren las consecuencias de la crisis de manera desigual. Beale, gracias a su locura lúcida e iluminada, continúa en el medio al lograr con su mesianismo redentorista catalizar momentáneamente a una sociedad enferma y alienada, convirtiéndose, gracias a ello, en el fenómeno mediático de la cadena (esto es, sólo abandonando su ser, volviéndose “loco”, es acogido y celebrado por la televisión). Esta situación prospera hasta que comienza a desvelar en directo información que compromete a la compañía propietaria, momento en el cual es aleccionado conveniente y casi sobrehumanamente, por el mandamás de la cadena para que cambie de discurso; tras plegarse a ello, sus índices de audiencia descienden y deciden inmolarlo en el altar del directo en pro del share. En cambio, para Schumacher, que se niega a participar en semejante circo, no hay sitio en este nuevo mundo y es despedido. Sin embargo, cae fascinado por Diana, una seductora y desalmada ejecutiva (F. Dunaway) que triunfa y lo sustituye al intuir el futuro éxito de Beale. Diana es una trepa, adicta al trabajo, cuya única obsesión en la vida, aun cuando está en la cama con Schumacher, es su trabajo y conseguir elevar los ratings a cualquier precio. Incluso produciendo un programa –La hora de Mao Tse Tung– a un grupo terrorista -El ejército ecuménico de liberación (correlato del Ejército Simbiótico)-, con la intercesión de una líder del Partido Comunista (en realidad, un trasunto de Angela Davis).

En cualquier caso, Network es una película excepcional. Por un lado, gracias al excelente y lúcido guión de Chayefsky (verdadero artífice de la misma, pues, desde el punto de vista cinematográfico, la dirección resulta más bien discreta) al articular la trama mediante una voz en off y en torno a certeros y potentes monólogos (sobre todo los de Finch), así como al definir los personajes y situaciones que, a pesar de llevarlos al límite de la histeria, nunca pierden la credibilidad. Por otra parte, porque cuenta con un elenco protagonista en estado de gracia, encabezado por una Faye Dunaway en el cenit de su carrera, secundada por unos excelentes Finch,Holden y Duvall, y con la colaboración de unos secundarios magníficos: desde Ned Beatty (que protagoniza una de las escenas más turbadoras y diabólicamente conscientes de la filosofía corporativa globalizada) aBeatrice Straight (que, con una brevísima aparición con resonanciascassavetianas, retrata a la perfección la profunda decepción de un matrimonio en quiebra producto del hastío y de la propia crisis del hombre maduro).

Network se construye como una ácida farsa -peligrosamente al borde de lo inverosímil- sobre el cambio de paradigma en el mundo de la televisión y, por extensión, también sobre el caos del mundo actual. En este sentido, las escenas en el refugio del Ejército Ecuménico donde sus miembros, en vez de discutir de política o revolución, lo hacen (como verdaderos expertos) sobre porcentajes y derechos de emisión sindicados, o la aparición de la líder del Partido Comunista rodeada de un ejército de abogados, se cuentan entre lo mejor de la película, junto con aquellas otras que revelan el funcionamiento y toma de decisiones en el ámbito televisivo y en el corporativo. De este modo, el film refleja un mundo despiadado y deshumanizado en el que todos, desde las alturas -en despachos situados en rascacielos-, a los escondrijos de los supuestos antisistema, manipulan y calculan; una sociedad donde no queda espacio alguno a la consideración humana y sólo cuentan el provecho, las audiencias, losratings y los balances de resultados. Tal es así, que -en el colmo del cinismo- todo cabe en televisión, incluso los radicales y apocalípticos discursos de Finch, mientras se mantengan en lo alto de la lista de los programas más vistos y, siempre y cuando, no socaven, ni perjudiquen, los cimientos del negocio. Esto es posible porque el mismo hecho de difundir un discurso a través de la televisión, en un programa de variedades, desactiva el mensaje, por muy radical que sea; lo deja sin efecto, anémico, convertido en puro espectáculo.

Como contrapunto, asistimos al drama humano de un presentador y un ejecutivo que pertenecen al pasado y comprueban que no hay lugar para ellos en un medio al que han dedicado su vida y que hoy ha vendido su alma en exclusiva al entretenimiento y el espectáculo. Tal es la desorientación y perplejidad que, en el caso de Holden, alcanza incluso alaffaire con Diana y a su matrimonio, que mantiene en evidente contradicción con la supuesta ética que aplica con relación a su trabajo, pero en concordancia con los valores de la familia americana “tradicional”. La relación que Schumacher entabla con Diana también puede ser contemplada como otro ejemplo del cambio de paradigma que refleja elfilm: el fin del modelo de sexualidad patriarcal (p.e. los adulterios masculinos pseudoconsentidos) en pro de una sexualidad fría con intercambio evidente de los papeles tradicionales (Holden es la víctima propiciatoria, el abandonado, Ana Karenina).

Más allá de la farsa histriónica y de la sátira hiperbólica que pudo suponerNetwork en el momento de su estreno, el film ilustra perfectamente el actual panorama audiovisual, por lo que podemos ensalzar su carácter visionario, y apreciar su plena vigencia y carga profética. No obstante, no debemos perder de vista la doble ironía de que tanto Lumet comoChayefsky fueran pioneros y defensores de ese mismo medio televisivo que ahora critican, y de que el film fuera recompensado, a pesar de su tremenda carga de profundidad, con una avalancha de premios por parte del propio establishment al que ponía en evidencia. Asimismo, esta película se convertirá, paradójicamente, en ejemplo del ocaso de un tipo de cine más o menos cuestionable, pero adulto, cuyo declive coincide, simbólicamente, con el estreno al año siguiente de La guerra de las galaxias (G. Lucas, 1977).

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