24 Abril, 2017

El bar: La política del miedo

Fui al cine a ver “El bar” incumpliendo, así, mi palabra de que nunca más volvería al cine(hasta los mismísimos de los precios abusivos de las entradas) . Pero ese día se juntaron las condiciones adecuadas –todas relacionadas con el malestar emocional–, lo que me indujo a buscar desesperadamente un refugio transitorio en la sala del cine.

‘El bar’ es la última propuesta del notable e ingenioso realizador bilbaíno afincado en Madrid, Álex de la Iglesia, un film que transcurre en las entrañas de un castizo establecimiento del Malasaña madrileño –El palentino– y en el que se concatenan un cúmulo de situaciones que recorren con habilidad varios géneros, desde el terror, al thriller pasando por la comedia negra.

Álex de la Iglesia se ha consolidado como un narrador de historias bizarras, alocadas y frenéticas; de propuestas que por idiosincrasia nacen de una fuente inagotable de ingenio y audacia, pero que sobre todo retratan de manera pasmosamente cercana y tristemente real el patetismo y cutrerío nacional. Un manantial de ideas que traslada, en ocasiones de manera más acertada que otras, a un terreno en el que se siente absolutamente cómodo y feliz: el campo del fantástico, el terror y la comedia irónica no sin excesos.

Sin embargo, todo gran artista ya sea en la disciplina que sea, presenta con el paso del tiempo voces u opiniones contrarias que denostan el trabajo del autor alegando diversas causas: desde cierto distanciamiento con el discurso, a poca afinidad con el estilo caustico y bizarro que promulga, o también hastío hacia la falsa promesa de una película completamente redonda. No seré yo el que esté de acuerdo con estas voces encontradas, pues siempre considero la fecha de estreno de un film de Álex de la Iglesia como una cita ineludible a pesar de no siempre estar de acuerdo con el resultado final del film o con ciertas decisiones tomadas alrededor de él. De hecho no siempre he comulgado con el cine de Álex de la Iglesia. No ya por su temática de partida –siempre brillante y sugerente– sino por un defecto que yo mismo bauticé como ‘el mal de la última media hora’. No es algo puntual de un film sino recurrente en varias de sus historias y que evidencia que nos encontramos ante algo buscado y no casual de su procelosa mente: secuencias en las que la locura se apodera de la narración y emergen desde monstruos deformes a situaciones francamente inverosímiles que desconectan en cierta manera con el ritmo y tono previo. Algo que me resulta frustrante en algunas de sus películas (‘Las brujas de Zugarramurdi’ es un claro ejemplo de lo que digo) y sobre todo cuando conoces las capacidades de un autor que provoca ese gran torrente de ideas e imágenes sugerentes, de diálogos perspicaces que escribe junto a Jorge Guerricaechevarría y que son plasmados en cuerpo y alma por repartos amplios y notables.
En cambio Álex es garantía de calidad, de libreto bien escrito, de gran dirección de actores y gran esfuerzo de estos por satisfacer las exigencias del director, de originalidad en la propuesta y de cercanía. Mucha cercanía. Y todas estas y otras virtudes que felizmente posee el ex director de la Academia de Cine Española lo plasma con acierto en lo que para mí es su mejor película desde ‘La comunidad’ o ‘Balada triste de trompeta’.

Contaba en varias entrevistas Álex de la Iglesia que la idea brotó de una mañana en la que estando en ‘El palentino’ tomando un café con Jorge Guerricaechevarría irrumpió abruptamente un mendigo dando gritos e intimidando a los sorprendidos clientes del bar. Esa experiencia supuso el germen de lo que actualmente ha evolucionado hasta convertirse en ‘El bar’, estrenada el pasado viernes 24 de Marzo en los cines españoles (respaldada por la producción de A3Media) y previamente presentada en el recientemente concluido Festival de Málaga en su sección oficial –fuera de concurso–.

La película es una historia coral (no tanto como ‘Mi gran noche’) en la que se nos cuentan las peripecias de un grupo de desconocidos, muy heterogéneos, que quedan atrapados en un pequeño bar madrileño tras el sorprendente asesinato de un cliente en la puerta del establecimiento. El pánico y las dudas asaltan a los presentes cuando una segunda persona es también disparada mientras intentaba ayudar a la primera víctima. A partir de ese instante el pavor y la incomprensión por lo acontecido hacen mella dentro del grupo de clientes revelándose así con mayor contundencia las grandes diferencias existentes entre todos ellos y apareciendo prejuicios, temores y fortalezas de cada uno. Sin duda un brillante tramo del film donde la dueña del bar (Terele Pávez) y su simpático empleado (Secun de la Rosa), una atractiva niña pija que entre por error (Blanca Suárez) y un hipster (Mario Casas), una ludópata (Carmen Machi), un ex policía (Joaquín Climent) o un mendigo borracho y exaltado (Jaime Ordóñez) irán presentándose al gran público.

La película no tiene pausa, es frenética y excitante, haciendo que los 100 minutos de las misma pasen delante de nuestros ojos como un suspiro, y aunque –como hemos visto con anterioridad– tiende a decaer la película en el último tercio, es sustentada de manera notable gracias al gran trabajo actoral de todo el reparto (con especial mención a una excelente y deslumbrante Blanca Suárez, y a un superlativo Jaime Ordoñez, quién tira la puerta en mi opinión para ser considerado serio aspirante al Goya en próximo año). La utilización de la luz y sobre todo la colocación de la cámara en lugares tan opresivos y en muchas secuencias hacen que sea francamente efectiva la sensación de agobio y claustrofobia que padecen los protagonistas, consiguiendo con ello que esa emoción traspase la cuarta pared y sacuda al espectador.

Resulta evidente que hay varias películas que bien me vinieron a la mente por algún elemento que tengan en común o bien porque efectivamente han servido de inspiración al director. Films como ‘La llamada’, ‘Rec’ o incluso ‘Los odiosos ocho’ saltaron a mi mente, bien durante el transcurso o bien a la conclusión, siendo alguna referencia más evidente que otras. Pero independientemente de esto último lo que me resultó más satisfactorio del film fue el análisis moral y existencial que cada miembro de la película esgrime o argumenta según sea su situación en cada instante y dependiendo a su vez de si está en una posición de fuerza (la posesión de un arma o de otros elementos que evitaré mencionar) o si por el contrario es de debilidad (imposibilidades físicas o de otra índole). Muy interesante contemplar los demonios de los personajes y de cómo el miedo y la incertidumbre hacen brotar una vertiente diferente de su personalidad, la cual posiblemente no conocían. La deriva de la historia oscila entre el thriller y el terror psicológico, no abandonando esas siempre agradecidas dosis de comedia negra con las que su autor sazona la completa totalidad de sus films.
A pesar de que la película tiene un final apoteósico (ojo a la estupenda secuencia de los títulos de crédito), a que no cae pavorosamente como otras en el mencionado ‘mal de la última media hora’, a que los actores lo dan absolutamente todo en cada secuencia (parece ser que su rodaje ha sido de gran esfuerzo físico y psíquico para el reparto) o del elevado ritmo de la historia; es cierto que no es todo perfecto en ella: se denotan ciertos comportamientos algo forzados para provocar ciertas reacciones en otros, secuencias de dudosa credibilidad que se perdonan por la correcta resolución de las mismas, o del excesivo –aunque bienvenido– regocijo en el físico apabullante de Blanca Suárez, la cual se hace poseedora de cada mirada, furtiva o no.

En definitiva un film que se apoya en un estupendo reparto y que tira de popularidad de su dúo de mayor tirón comercial (Casas-Suárez), donde contemplamos a ciertos personajes arquetípicos en la filmografía del autor bilbaíno así como varios de sus actores recurrentes (¿He dicho ya que Jaime Ordoñez está de 10?) y donde se muestran las miserias de la humanidad al mismo paso que se palpan las argucias de cada uno en los discursos que exponen en la película y que tan claramente vemos representadas en los políticos de nuestros días.

Inteligente, frenética, emocionante y que provoca un gran interés de principio a fin. Así es ‘El bar’, el mejor film de Álex de la Iglesia en años y que desde aquí recomiendo.

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